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lo llevaban lo iban a matar, porque ya había habido hartos muertos”. Al día
siguiente que se llevaron a su padre les dijeron que había muerto y que lo habían
decapitado. Ese mismo día ella, su madre y sus hermanos se tuvieron que ir para
otro lado y quedarse en una clínica por miedo a que también los mataran.
Después de la masacre sufrieron mucho y la vida se volvió más difícil. Se fueron a
Villavicencio y vivían en casa de unos amigos de su padre. Después “aguant[aron]
hambre y [su] madre tuvo que trabajar para conseguir la comida. [Ella] tuv[o] que
empezar a cuidar a [sus] hermanos desde los ocho años. [Tiene] un hermano con
necesidades especiales y tuv[o] que darle tetero y limpiarlo. También tuv[o] que
cocinar[. A] veces t[ienen] que pedir comida a los vecinos”.
Su vida sería mucho mejor si su padre estuviera vivo. Aunque sabe que no es
posible, quiere que le devuelvan a su padre. Es importante que los responsables
sean castigados.
l) Carmen Johanna Jaramillo Giraldo, hijastra de Sinaí Blanco
Santamaría
Cuando llegó a vivir a Mapiripán empezó a querer mucho a su padrastro, quien le
empezó a pagar los estudios y era “una persona muy amplia”.
Antes de que llegaran los paramilitares, la situación de seguridad estaba bien.
Describió el ambiente de terror vivido en el pueblo con la llegada de los paramilitares
y que la gente escuchaba que venían con una lista. Tuvo contacto con algunos de
los paramilitares y vio a muchos de ellos, incluso al “Mochacabezas”, quien mataba a
la gente. Había rumores sobre gente descuartizada y echada al río en pedazos.
“Desde que ellos llegaran, ese pueblo parecía fantasma[. C]ada ratico se escuchaba
que se llevaban gente[. Los paramilitares] eran desalmados [y] no tenían piedad del
dolor de la gente.” Hubo muchos muertos y desaparecidos en Mapiripán, incluida una
familia entera desaparecida con un niño de meses de nacido.
Un día después de que los paramilitares se llevaron a su padrastro, su madre y ella –
quien tenía 16 años en ese entonces– salieron a buscarlo y encontraron su cuerpo en
el puesto de policía. “Cuando [se] acerc[ó] […] lo conoci[ó], […] era [su] papá. [Ella
se sentó] a su lado y perdi[ó] noción de todo, casi [se vuelve] loca, lo iban a tapar,
[ella] decía[: N]o lo tapen que él se va a despertar. [Se agachó] a su lado y
levant[ó] su cabeza en [sus] piernas, y tenía la garganta cortada. [Su] papá tenía
cortaduras en la carita, lo habían amarrado con un nylon negro[. Ella dijo: ¿P]or qué
lo amarraron si él no era malo? [Se quedó] con él llorando por tres horas hasta que
[la] sacaron del lugar.”
Además del cuerpo de su padrastro vio otros cadáveres y a una señora jalando el
cuerpo de su esposo con la cabeza en la otra mano para unirla. Eso le provocaba
sentimientos de rabia e impotencia por no poder hacer nada. Su madre llamó al
alcalde y al inspector de policía para que hicieran el levantamiento del cuerpo pero
dijeron que no podían. “Los paramilitares decían que donde matan una persona ahí
se queda. [Su] papá fue la única persona que sacaron del pueblo [pues] la familia de
[él] en San Martín mandó una avioneta para sacarlo. [Lo] enterra[ron] en San
Martín”.
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