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Lamentó muchísimo tener que llegar ante la Corte, porque hubiera querido que las
cosas se solucionaran en su país. Solicitó a la Corte que, de ser posible, hiciera algo
para que nunca más le suceda a un joven lo que le pasó a su hijo. Lo único que
quiere es “justicia, nada más”.
B)
DICTAMEN
GRACIELA MARISA GUILIS, PSICÓLOGA, COORDINADORA DEL
EQUIPO DE SALUD MENTAL EN EFECTOS
DURANTE LA DICTADURA DEL CENTRO DE ESTUDIOS LEGALES Y
DE
EQUIPO DE SALUD MENTAL Y MIEMBRO DEL
DE LA TORTURA
SOCIALES
Se refirió al impacto de los hechos de que fuera víctima Walter David Bulacio sobre el
grupo familiar. La familia de Walter tenía, hasta el momento de los hechos, una
estructura tradicional. La muerte de aquél produjo una ruptura que marcó “un antes
y un después en la forma de existencia de esta familia”. Cuando alguien pierde al
cónyuge se lo llama viudo; a quien pierde un padre o una madre, se lo nombra
huérfano, pero no hay nombres, en ninguna lengua, para nominar a quien sufre la
muerte de un hijo. Sólo en hebreo hay un término que califica esa situación, que es
“chacol”, cuya traducción más aproximada corresponde a la idea de abatimiento del
alma. Ésta sería la única nominación para un padre o una madre con respecto a la
muerte de un hijo, y esa es la dimensión catastrófica que adquirió la muerte de
Walter David en sus padres.
El duelo existe claramente en el caso de los padres respecto a la muerte de sus
hijos, pero el componente de la intervención del Estado, en este caso, tuvo
incidencia en el tipo de duelo y en la situación de la familia. Se supone que el Estado
es un garante, o bien, un tercero de apelación en el “contrato social entre los
ciudadanos y las instituciones del Estado”. Ante una intromisión de éste se produce
una afectación en la subjetividad de la familia, es decir, en sus proyectos de vida y,
en definitiva, en su pertenencia a ese espacio social, con los consecuentes daños
psicológicos. Es por ello que “sólo el Estado puede devolverle la justicia a estos
familiares, [y] un lugar en la sociedad”, dando respuesta a preguntas básicas que se
formula cualquier familiar en un duelo normal, como por ejemplo: “¿cómo sucedió?”,
“¿quién fue el responsable?”, “¿en qué circunstancias ocurrió?”. De lo contrario, los
familiares asumen una culpabilización acerca de la muerte del ser querido. Con
respecto a la imagen de Walter David, la familia, soportó además las sospechas de
que por su condición de adolescente, éste estuviera inmiscuido en alcoholismo,
drogadicción o que tuviese conductas sexuales alteradas, imputaciones que fueron
finalmente desvirtuadas.
Según relató la perito, en todos los miembros de la familia observó diferentes
efectos, tanto en el cuerpo como en el psiquismo. A partir de 1996, al haberse
obstaculizado la investigación de lo sucedido y no haberse emitido sentencia, todos
los indicadores y signos que venían apareciendo en los miembros del grupo familiar
crecieron de forma dramática y recrudecieron sus patologías. Además, la pérdida de
sus trabajos obedeció a “las condiciones subjetivas por las que estaban atravesando
y […] el peso que significaba en su existencia”.
Con respecto a Lorena Beatriz Bulacio, hermana de Walter David Bulacio, señaló
que ésta tenía 14 años en el momento en que murió su hermano. Al año siguiente,
Lorena Beatriz presentó un cuadro grave de bulimia que la acompañó durante casi
toda su adolescencia; a partir de 1996, a los 19 años de edad, tuvo dos intentos de