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cuando se presuma fundadamente que la persona ha cometido un delito o una
contravención, la cual debe sustentarse en criterios objetivos. Sin embargo, también
la “detención por averiguación de identidad” del nuevo texto legal procede cuando se
presume fundadamente que la persona pudiera cometer en el futuro un delito o una
contravención, que es la tradicional función policial genérica de prevenir los delitos,
plenamente subjetiva.
Asimismo, la reforma legal estableció que el tiempo de la detención debe ser el
“mínimo necesario para establecer la identidad”, sin superar 10 horas. Por otro lado,
el nuevo texto legal otorga a la persona detenida por averiguación de su identidad el
derecho de comunicarse inmediatamente “con un familiar o persona de su confianza
a fin de informar su situación”. De esta forma, se pretende asegurar la
“transparencia” del procedimiento policial. Finalmente, el nuevo texto legal impone a
los funcionarios policiales intervinientes la obligación de dar “noticia al juez con
competencia en lo correccional de turno”. Se observa la intención de generar un
mecanismo de control judicial de la utilización de esta facultad policial.
Desde 1870, el Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires –luego de la Policía
Federal Argentina- redactaba los edictos policiales, instrumentos normativos en los
que se especificaban prohibiciones y sanciones de carácter contravencional. Los tipos
contravencionales estaban formulados arbitrariamente, con términos vagos y
ambiguos, que muchas veces describían caracteres personales típicos de ciertos
grupos de personas –en función de su orientación sexual, condición social o edadmás que comportamientos. Las personas que cometían una infracción eran
aprehendidas, procesadas y condenadas por la autoridad policial, sin intervención de
la institución judicial. Si bien existía la posibilidad legal de apelar al control judicial
del proceso policial, el escaso tiempo para hacerlo la tornaba prácticamente
imposible. En este proceso policial no se encontraba asegurado el derecho de
defensa ni las mínimas garantías del debido proceso. Las sanciones que se imponían
podían ser multa o arresto, que no podía exceder de ocho días. Con la aprobación del
Código de Instrucción Criminal de 1889, dicho máximo fue aumentado a 30 días.
Esta estructura normativa funcionó hasta marzo de 1998, por vía de los edictos
policiales y el Reglamento de Procedimientos Contravencionales emanados de la
Jefatura de la Policía Federal.
A partir de la reforma de la Constitución Nacional de 1994 y de la sanción de la
Constitución de la Ciudad de Buenos Aires de 1996, se abrió un escenario en el que
se insertó el debate político y jurídico acerca de la necesidad de abolir el sistema de
edictos policiales.
En marzo de 1998 se sancionó por unanimidad el Código de Convivencia Urbana de
la Ciudad de Buenos Aires, un instrumento legal respetuoso de los principios del
Estado de Derecho, que regula las conductas que vulneren o pongan en riesgo
diversos bienes jurídicos. Las tipificaciones contravencionales establecidas en este
instrumento legal, a diferencia de las recogidas en los edictos policiales, revelaron
una clara orientación hacia el “acto” más que hacia el “actor”, con un fuerte
contenido “objetivizante” de las infracciones. En cuanto a las sanciones, es
excepcional la privación de la libertad como sanción contravencional. Por otro lado,
en el mismo mes de marzo de 1998 la legislatura de la ciudad de Buenos Aires
sancionó la Ley de Procedimiento Contravencional, en la que se concreta la completa
judicialización de la materia contravencional. La policía abandona su doble rol de
“legislador” y “juez” en materia contravencional, y se suprime la posibilidad de que