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Después, el Estado le otorgó una concesión a la empresa SOLCARSA. Su
inconformidad con dicha concesión se basa en que el Estado no realizó una consulta
previa a la Comunidad para determinar la conveniencia de la concesión y, además,
porque las obras de SOLCARSA se desarrollarían en 62.000 hectáreas del territorio
de Awas Tingni. Por lo tanto, la Comunidad reaccionó y realizó una Asamblea General
en la cual decidió elaborar una carta para demandar al Estado.
Los líderes de la Comunidad, para lograr el respeto de su territorio, elaboraron un
mapa. La Comunidad tiene 13 kilómetros dentro de la montaña, se ubica desde
Puerto Cabezas, 21 kilómetros del lado del municipio de Waspám, y según el mapa
sus fronteras se encuentran dentro de los siguientes límites: desde Caño Coco Lano
pasa por Kisak Lainí, por Suku Was, Kalwa, Kitan Mukni, Kuru Was, Kiamak, Caño
Turuh Wasni, Caño Rawa Was, Tunjlan Tuna hasta Kuah Sahna. Dicho mapa
muestra el área que están reclamando. Los líderes de la Comunidad han hecho
referencia a su territorio y no han hablado de hectáreas. Desconoce que los doctores
Anaya y Acosta en el año 1993 hayan solicitado un título de propiedad por 16.000
hectáreas para la Comunidad. Por su parte, el Estado ha afirmado que la extensión
del territorio reclamado por los Mayagna es excesiva, teniendo en cuenta el número
de miembros de la Comunidad establecido por el censo oficial, y que el área
reclamada por dicha Comunidad no guarda proporción con el área efectivamente
ocupada por ella. Los Mayagna han tenido algunos conflictos por reclamos de tierras
con las comunidades Francia Sirpi, Santa Clara y Esperanza, los cuales han sido
resueltos pacíficamente. Según el Estado, parte de su territorio es reclamado por los
grupos de las Dieciocho Comunidades y de las Diez Comunidades, las cuales afirman
ser poseedores desde antes que arribaran los Mayagna, y que como gesto de buena
voluntad les habían permitido asentarse en su territorio. Frente a tal afirmación,
señala el testigo que los territorios de estas comunidades quedan muy distantes de
los de Awas Tingni y que, por lo tanto, no entienden por qué se habla de conflicto de
tierras, si no lo hay.
Aclara que para llegar desde el poblado de Awas Tingni, donde se concentra la
mayoría de la Comunidad, hasta Tuburús, también habitada por miembros de la
Comunidad Mayagna, deben desplazarse mediante “pipantes”, una clase de canoas
impulsadas por remo, y tardan en tiempo seco un día y medio, y en el invierno, dos
días y medio.
El territorio de los Mayagna es vital para su desarrollo cultural, religioso y familiar, y
para su propia subsistencia, pues realizan labores de caza (cazan “chanchos de
monte”) y pesca (desplazándose a lo largo del Río Wawa) y, además, cultivan la
tierra. Es un derecho de todo miembro de la Comunidad trabajar la tierra, cazar,
pescar y recolectar plantas medicinales; sin embargo, está prohibida la venta y la
privatización de estos recursos.
El territorio es para ellos sagrado, y a lo largo de éste se encuentran varios cerros de
gran importancia religiosa, como el Cerro Mono, el Cerro Urus Asang, el Kiamak y el
Cerro Quitirís. Existen también otros lugares sagrados, en los cuales la Comunidad
tiene árboles frutales de pejibaye, limón y aguacate. Cuando los habitantes de Awas
Tingni pasan por estos lugares, que datan de 300 siglos, según lo que su abuelo le
decía, lo hacen en silencio como señal de respeto a sus muertos y saludan a
Asangpas Muigeni, el espíritu del monte, que vive debajo de los cerros.
c.
Testimonio de Theodore Macdonald Jr., antropólogo