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e impone el reto de traducir estas normas en reglamentaciones a nivel nacional para
que sean efectivas.
El informe elaborado por el profesor Theodore Macdonald responde a todos los
requerimientos de un estudio metodológicamente responsable de investigación
etnográfica, basado en el uso de múltiples fuentes, en el manejo de conceptos que
provienen de varias disciplinas: de la antropología, historia, geografía, economía,
etc. Se desprende de la lectura del estudio que el investigador ha hecho extensos
recorridos por las zonas, entrevistado a mucha gente, obtenido información directa,
que es lo que los antropólogos generalmente hacen y, además, se ha basado en el
análisis crítico de una cantidad de documentación que no siempre es fácil conseguir,
para sustentar los resultados a los que se llega.
En ciertos contextos históricos los derechos de la persona humana se garantizan y se
pueden ejercer plenamente sólo si se reconocen los derechos de la colectividad y de
la comunidad a la que pertenece esta persona desde su nacimiento y de la que forma
parte y la cual le da los elementos necesarios para poder sentirse plenamente
realizado como ser humano, que significa también ser social y cultural.
La
contraposición de esta afirmación es que, al violarse los derechos de una comunidad
de seguir subsistiendo como tal y de poder reproducirse como unidad e identidad, se
violan una serie de derechos humanos básicos: el derecho a la cultura, la
participación, la identidad, la sobrevivencia; esto lo han demostrado numerosos
estudios sobre pueblos y comunidades indígenas en Latinoamérica.
La comunidad internacional y el derecho de los derechos humanos tienen el reto de
desarrollar nuevos conceptos y nuevas normas que, sin lesionar ni cercenar de
ninguna manera los derechos humanos de la persona, logren enriquecer las formas
de vida de los pueblos indígenas al reconocer la realidad social y cultural, en la que
ocurren violaciones a dichos derechos.
e.
Testimonio de Guillermo Castilleja, Director de Proyectos
Especiales del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)
En el año 1993, al ser el Oficial de Política Forestal para Latinoamérica del Fondo
Mundial para la Naturaleza, World Wildlife Fund, inició un proyecto relativo a la
Comunidad Awas Tingni, en Nicaragua. El objetivo principal de ese proyecto era
apoyar al Gobierno de Nicaragua en el establecimiento de un arreglo contractual que
permitiera el aprovechamiento sostenible de los bosques “latifoliados” en la Costa
Atlántica, particularmente los bosques de Awas Tingni. Este proyecto respondió a
una iniciativa expresa de Nicaragua para que se le brindara asesoría.
Desde 1991 el Fondo Mundial para la Naturaleza asumió un papel de asesor en
materia de Política Forestal, en particular hacia el entonces Instituto de Recursos
Naturales (IRENA), que en la actualidad es el MARENA, Ministerio de Ambiente y
Recursos Naturales. El antecedente inmediato del proyecto en Awas Tingni fue una
concesión que el Estado otorgó a una compañía taiwanesa llamada EQUIPE, por un
área aproximada de un millón de hectáreas en la Costa Atlántica. Esto generó un
conflicto sustancial que fue resuelto finalmente con la cancelación de la concesión
por parte de Nicaragua. De la concesión de EQUIPE se aprendió que se debían
desarrollar modelos de explotación forestal que realmente tuvieran viabilidad y
pudieran ser sostenibles a largo plazo.