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concesión a la compañía SOLCARSA a través de una carta que la Comunidad envió,
por medio de sus representantes, al Ministro Milton Caldera. Tuvo una conversación
con el entonces Ministro Caldera relacionada con la concesión a SOLCARSA. El
nombrado funcionario sabía que la tierra reclamada por la Comunidad incluía la
mayor parte del área de la concesión y que dicha Comunidad se oponía a ésta. La
reacción del Ministro fue que el convenio que había firmado el MARENA con la
Comunidad y con MADENSA, era un convenio con el que no estaba de acuerdo y, en
cuanto a las pretensiones de la Comunidad, dijo “son demasiadas”.
El Estado ha tenido dos políticas al otorgar la concesión a MADENSA, primero, y a
SOLCARSA, posteriormente. Una consistía en un reconocimiento de los derechos
adquiridos de las comunidades y que deben ser tomados en cuenta a la hora de esos
contratos de aprovechamiento de manejo forestal; la otra considera que mientras no
exista título de propiedad no hay bases para pensar que hay derechos adquiridos por
parte de las comunidades y, entonces, se pueden otorgar concesiones a terceros
sobre tierras públicas.
f.
Testimonio de Galio Claudio Enrique Gurdián Gurdián, licenciado
en filosofía, especializado en antropología social y estudios del
desarrollo, especialmente en las relaciones entre Estados y
pueblos indígenas
Vivió en la Región Atlántica Norte de Nicaragua entre 1979 y 1990, entre 1996 y
1998, y de forma esporádica durante 1999 y 2000.
Fue uno de los tres investigadores principales y coordinador general del Diagnóstico
general sobre la tenencia de la tierra en las comunidades indígenas de la Costa
Atlántica, diagnóstico realizado por el Central American and Caribbean Research
Council. El diagnóstico tenía dos objetivos fundamentales. La parte formal trataba
de proyectar cartográficamente lo que las comunidades o una parte de las
comunidades de la Costa del Caribe de Nicaragua, consideraban como sus tierras
comunales y sus usos. El propósito implícito era la modernización del catastro.
También se perseguía, al delimitar los territorios de las comunidades indígenas, dejar
más claro cuáles eran las tierras nacionales sobre las que el Estado podía incidir. El
diagnóstico fue realizado en desarrollo de un convenio entre Nicaragua y el Banco
Mundial.
El diagnóstico tenía cinco capítulos. En el primer capítulo, denominado Principios
Generales, lo que se recomendaba era que, por la historia que ha tenido el Estado
nicaragüense en relación con las comunidades indígenas, emitiera una declaración
haciendo ver su voluntad de resolver este tipo de problemas. Otra recomendación
que se hacía era completar el diagnóstico realizado por el Central American and
Caribbean Research Council, ya que se calculaba que en la Costa Caribe de Nicaragua
hay entre 280 y 300 comunidades, y el diagnóstico sólo cubre aproximadamente un
50% de ese universo total. Para tener una visión integral de los reclamos, de los
traslapes, de los problemas en general de la tenencia de la tierra, era necesario
completar el diagnóstico. Un tercer aspecto en el capítulo de los Principios Generales
era entregar los resultados del diagnóstico a las comunidades que habían dado la
información. Eso es algo que no se suele hacer y es clave para poder iniciar un
proceso de demarcación y titulación.