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decidir el otorgamiento de dichas concesiones. Al no obtener una atención adecuada
procedió a enviar una comunicación a todos los demás Ministros, los cuales no
mostraron interés en ese momento. No se atendió la situación.
El INRA se limitaba a atender los reclamos de tierras de las cooperativas y
campesinos sin tierra, dándoles una porción de terreno, 50 manzanas por familia, lo
cual venía acompañado de una asistencia técnica. En cuanto a las comunidades
indígenas, el INRA no asumía ninguna responsabilidad, ya que argumentaba que la
ley no le daba la facultad para atender sus reclamos y no había otra instancia
específica para atenderlos. El INRA le trasladaba al INDIRA los reclamos de las
comunidades indígenas pero éste último no tenía competencia de atender esas
reclamaciones específicas y tampoco el MARENA, de manera que el Estado carecía de
un instrumento legal que le permitiese atender dichas reclamaciones.
Cuando había demandas de las comunidades indígenas se dirigía a las autoridades
del INRA para ver cómo podían atenderse y dialogaba con los altos funcionarios del
Gabinete del Gobierno. A pesar de que el INRA alegaba que no tenía competencia,
extendía constancias de entrega de tierras a exmilitares, entidades del ejército, de la
policía y la resistencia nicaragüense, tierras que estaban dentro del territorio de la
mayoría de las comunidades indígenas.
Posteriormente, el INDIRA buscó otros mecanismos, basados en las actividades de
las propias comunidades, a efectos de lo cual colaboró en la formación de la
Organización de Síndicos Indígenas, que son los administradores legales de las
tierras de las comunidades. Se formó lo que se conoció como la Organización de
Síndicos de la Costa Atlántica de Nicaragua (OSICAN). Este organismo trabajó en un
proyecto de ley, que fue ampliamente consultado a las comunidades indígenas y
presentado a la Asamblea Nacional en 1996. Resultado de dicha iniciativa se decidió
crear la Comisión Nacional de Demarcación de Tierras de las Comunidades Indígenas,
la cual fue instalada en el año 1996, pero no logró avanzar en las tareas que se
habían propuesto.
La creación de la Comisión Nacional de Demarcación quedó como un legado para el
Gobierno que asumió en 1997. Durante ese Gobierno se hicieron algunas reuniones
entre los representantes del Estado y los indígenas, quienes solicitaron la ampliación
de la representación indígena; tal solicitud dio como resultado un proyecto de ley
que se presentó a la Asamblea Nacional el 13 de octubre de 1998.
Cuando el Estado otorgó la concesión a la empresa SOLCARSA, el testigo ocupaba el
cargo de Ministro, por lo cual tiene conocimiento de que, durante la consideración del
MARENA sobre el otorgamiento de la concesión, algunos representantes de las
comunidades indígenas de Awas Tingni, Kakamuklaya y otras se dirigieron a sus
oficinas para oponerse, alegando la violación de su derecho territorial, ya que el área
de la concesión propuesta coincidía con sus territorios ancestrales.
En compañía de representantes de las comunidades se comunicó con las altas
autoridades del MARENA para plantear sus inquietudes y demandas. Sin embargo, la
posición de dicha Institución, al igual a la del Gobierno, era que las áreas vacías o
baldías eran del Estado, que las comunidades no tenían título y que la concesión les
iba a traer beneficios porque generaría empleo e ingresos. Las inquietudes fueron
planteadas directamente al Ministro del MARENA, inicialmente a Milton Caldera,
posteriormente a su sucesor Claudio Gutiérrez, y luego a Roberto Araquistain y
Láinez quienes manejaban directamente las políticas relacionadas con concesiones.