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clínicos de hospitales.
Los informes médicos legales deberían tener datos sobre la situación general del paciente.
En el caso del señor Tibi faltaron una anamnesis, un interrogatorio respecto a si había
tenido problemas en el sistema músculo esquelético, en el aparato digestivo, respiratorio,
neurológico, así como una valoración sobre el posible origen de esas lesiones, y la forma de
prevenir estas situaciones.
Realizó una entrevista clínica al señor Tibi y revisó testimonios de algunas personas
referidas al caso. En la entrevista que mantuvo con la presunta víctima pudo constatar que
narra coherentemente las circunstancias y los hechos. No hay una exageración en su relato
respecto a la posible continuidad de las sesiones de tortura o las diferentes lesiones que
muestra; no las atribuye todas a condiciones de maltrato sino a otro tipo de situaciones que
también vivió durante su detención.
Como resultado de su evaluación, pudo concluir que hay un período entre los meses de
febrero y abril de 1996 en los que el señor Tibi aparece con una serie de lesiones bastante
graves, como el hundimiento del malar izquierdo, la pérdida de parte de las piezas dentales
de la arcada superior y una desviación del tabique nasal. Asimismo, de la revisión médica
que realizó al señor Tibi, fotografió e identificó al menos cinco lesiones que corresponden a
quemaduras de cigarrillo. Hay muchas otras lesiones que no podría decir a ciencia cierta si
corresponden o no a quemaduras de cigarrillo. El señor Tibi tuvo una pérdida añadida en el
oído izquierdo para las frecuencias agudas y, en ausencia de otros factores de riesgo,
muestra de una manera muy significativa que las consecuencias en ese oído tienen que ver
con el impacto traumático. Las sumersiones en agua como método de tortura producen una
sensación de asfixia muy angustiante, no deja lesiones físicas, salvo algunas lesiones en un
tipo muy reducido, como por ejemplo por maniobras de presión sobre el cuello, y unas
pequeñas hemorragias en la esclerótica del ojo. Los choques eléctricos en los testículos son
una agresión muy importante en una zona muy sensible del cuerpo.
Los médicos del servicio penitenciario realizaron el primer examen médico al señor Tibi seis
meses después de sufrir las lesiones más evidentes y graves, lo que evidenció que no hubo
un seguimiento mínimo en ese período del estado de salud de la presunta víctima. Las
lesiones que presentaba el señor Tibi eran visibles y era obvio que requerían atención
médica. La falta de tratamiento médico adecuado para las lesiones tienen un impacto
grande en el proceso de recuperación.
El dolor físico causado al señor Tibi por la molestia del hundimiento malar pudo durar hasta
la recuperación quirúrgica del hueso y el tabique nasal. Los otros dolores asociados a las
quemaduras de cigarrillos y a las otras lesiones físicas pudieron tardar en curar de dos a
cuatro meses con un tratamiento con antibióticos y mucho más sin tratamiento. Las
limitaciones físicas actuales del señor Tibi más evidentes son sus problemas lumbares y de
movilidad recurrente de las dos hernias discales. Tiene una hepatitis C y la existencia del
linfoma tipo B. El señor Tibi requiere que se de seguimiento médico a estas enfermedades.
Daniel Tibi mostró una disminución progresiva de la sintomatología que presentó durante el
período de detención, caracterizada por una reacción de estrés agudo. En la actualidad
sigue mostrando cambios frecuentes en el humor, problemas como la irritabilidad, y falta de
control de las situaciones de agresividad que anteriormente confrontaba en la vida
cotidiana. Estas manifestaciones corresponden a un cambio de personalidad duradero, que
es un tipo de problema de salud mental que forma parte de la “Clasificación Internacional
de Enfermedades de la Salud”.
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