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de su hijo.
La única esperanza que tiene es que se castigue a los
responsables.
23.
Carmen Rufina Cabriles, madre de Héctor José Lugo Cabriles.
Héctor José Lugo Cabriles murió a los veintisiete años de edad. Era albañil,
soltero y tenía una hija no reconocida. Aportaba semanalmente ingresos para
pagar los estudios de sus hermanos desde que tenía diecinueve años y
colaboraba con los gastos de la familia. Al momento del evento ganaba el
salario mínimo.
Los gastos relacionados con el velorio los asumió la familia. Los gastos de la
búsqueda de justicia fueron cubiertos por COFAVIC.
Se enteró de la noticia de la muerte de su hijo por medio de una amiga. Fue
a identificar a su hijo a la morgue entre muchos otros cadáveres que estaban
ahí amontonados. Desde que murió la víctima, los hermanos han tenido que
dejar los estudios y han tenido que trabajar. Dos años después de la muerte
de su hijo, la declarante tuvo que dejar su trabajo luego de haberse
enfermado. Ella sigue teniendo gastos en medicamentos, pero no ha recibido
tratamiento psicológico debido a los escasos recursos económicos de la
familia. Ha perdido las ganas de vivir y se ha mantenido viva sólo por sus
otros hijos pequeños. Sufre insomnio y depresiones. Nada más espera que
se haga justicia.
24.
Rosa Julia Aldana Bastidas, hermana de Benito del Carmen Aldana
Bastidas.
Benito del Carmen Aldana Bastidas murió a los 46 años de edad. Fue llevado
a la morgue el día 1º de marzo, pero sus restos nunca fueron entregados a
sus familiares. Trabajaba en el área de seguridad de una empresa. Era
soltero y tenía tres hijas reconocidas, Mayerling Margarita, Celeste Senaid y
Jilka Josefina, todas Aldana. Le ayudaba a su madre económicamente con los
gastos de la casa y con las medicinas, y a sus hijas semanalmente, siendo el
soporte principal de ellas. Al momento del evento ganaba el salario mínimo.
La víctima ayudaba a su familia desde que tenía veinte años.
No hubo gastos en velorio porque los restos nunca fueron entregados. Los
gastos de la búsqueda de justicia fueron asumidos por COFAVIC.
La declarante dejó de trabajar por dos meses para poder buscar a su
hermano. Dado que la víctima llevaba apenas dos años en la empresa en la
cual
trabajaba,
hubiera
tenido
buenas
expectativas
de
crecer
profesionalmente dentro de la misma.
La declarante ha sufrido insomnio y depresiones a causa de la muerte de su
hermano, a raíz de no saber donde está enterrado.
No ha recibido
tratamiento psicológico. La madre de la víctima estaba enferma del corazón y
los síntomas de la enfermedad se intensificaron, lo cual dio lugar a visitas
médicas más seguidas y al aumento del consumo de medicamentos contra la
presión alta. Esos gastos los asumió la declarante. La madre falleció un año