2
Espera que la Corte requiera al Estado que castigue a todos los culpables y que
difunda públicamente, con la mayor cobertura posible, y particularmente en Mocoa,
donde vive toda su familia, que su hermano no era guerrillero y que fue privado
arbitrariamente de su vida.
b)
María Adelina López, viuda de Artemio Pantoja Ordóñez.
Es ama de casa. El 23 de enero de 1991 sus hijos fueron al hospital para verificar
quienes eran las personas que habían muerto, pero los policías les impidieron
ingresar, hasta que llegó un médico amigo de Artemio, quien pidió que los dejaran
entrar y se enteraron de que su padre había fallecido. Los familiares llevaron al
hospital un ataúd y los policías lo revisaron con la excusa de que podía traer una
bomba. La primera noche que estuvieron velando a su esposo salió un boletín de la
policía firmado por el coronel Pedro Pablo Linares, que señalaba que su esposo era
uno de los guerrilleros muertos. No entendía como los policías lo habían matado si él
tenía amigos allí y una de sus hijas trabajaba en la policía, además de que creía que
ellos los protegían. En ese tiempo sus hijos tenían miedo de permanecer hasta tarde
en la calle y su hijo Ramiro fue perseguido, y además lo señalaban como “hijo de un
guerrillero”. Cuando los policías lo veían le pedían que se identificara y tenía miedo
de que le hicieran lo mismo que a su padre. El día que fue con Blanca Flor Rojas y
Amanda Anacona a reclamar las pertenencias de sus esposos, en la policía les
mostraron unas armas y les dijeron que eso “lo habían encontrado en la finca de los
Cerón”, lo cual le causó gran humillación y dolor.
Esos días fueron “muy estigmatizantes” y dolorosos para su familia, pues la gente
había conocido la versión de la policía y hacía comentarios. Tuvo que trabajar para
conseguir lo necesario para su familia. Vendió alimentos en la calle. Pese a todo el
esfuerzo que hizo, sus hijos no pudieron terminar sus estudios.
Desde que
ocurrieron los hechos sufre dolor en las rodillas y hombros y los médicos le dicen que
es artritis nerviosa. De su familia, la más traumatizada con los hechos es su hija
menor, que en ese entonces tenía 10 años.
Declaró ante todos los funcionarios que la citaron, con la tranquilidad de que su
esposo no era guerrillero y creyó que iban a castigar a los responsables. La
impunidad le ha causado mucho dolor e impotencia al ver que la versión de la policía
no se ha modificado. Espera que se rectifiquen públicamente los hechos y que la
Corte haga justicia.
c)
Jaime Pantoja López, hijo de Artemio Pantoja Ordóñez.
Es albañil como lo fue su padre; su relación con él era muy cercana y lo acompañaba
en sus trabajos. El 23 de enero de 1991 le avisaron de la muerte de su padre.
Cuando llegó al hospital para verificarlo, había mucha gente y policías, quienes le
impidieron ingresar alegando que “era hijo de un guerrillero”. Después de los hechos
se volvió muy nervioso e ingiere licor “para sentir alivio”. Desde entonces siente
odio contra la policía y miedo de que lo vayan a matar, incluso tiene pánico a la
oscuridad. Una de las personas más afectadas es su hermana Adalí Oneyda, quien
era la “consentida” de su padre y luego de su muerte dejó de estudiar e ingiere licor.
El día del sepelio habían miembros de la policía vestidos de civil que caminaban junto
a los ataúdes y tomaban fotografías. Además, estaban en las terrazas de varios
edificios, uniformados y vigilantes. Cuando mataron a su padre dijeron que él y su
familia eran guerrilleros, lo cual no ha sido aclarado, por lo que su familia está en
grave riesgo. Nunca ha declarado ante alguna autoridad acerca de la muerte de su
padre, porque nunca lo han citado; además, no fue testigo presencial de los hechos.
Select target paragraph3
Connect to a paragraph
Connect to an entity
Disable highlights
Add to table of contents