-17Manifestó que “el Estado [debe asumir] su responsabilidad [sobre] los crímenes de lesa
humanidad, recono[cer] lo que hicieron contra [su padre, su madre y él y sus hermanos] y
[…] esclare[cer]” lo sucedido a su padre. Asimismo, debe, localizar e identificar sus restos
“asumi[endo] la investigación, recolección de datos y materiales que sirvan para” dicho fin.
Solicitó a la Corte que ordene al Estado a que éste obligue a quienes saben lo sucedido con su
padre a “que cuenten la verdad”. Finalmente, el testigo solicitó a la Corte que “se haga
justicia, que se apliquen medidas de reparación integral [y] que no se repitan este tipo de
crímenes contra otros seres humanos”.
b)
Elva Elisa Benítez Feliu de Goiburú, esposa del doctor Agustín Goiburú
La señora Benítez Feliu de Goiburú expresó que su esposo se “manifestó en contra de los
abusos y arbitrariedades del régimen”, por lo que “fue perseguido tenazmente [y] todos los
días atropellaban [su] domicilio”. Asimismo, declaró que “quisieron involucrar[la] a base de
torturas de otros prisioneros como supuesta criminal terrorista, que guardaba armas de
guerra en [su] domicilio”. La señora Benítez Feliu indicó que se dirigió con su esposo e hijos
a Argentina, donde su esposo trabajó en política, conformando el MOPOCO. Declaró que
estando en Argentina, ella y su familia “fu[eron] objeto de persecuciones, continuas y
alevosas, directa[s], por medio del cónsul paraguayo en la ciudad de Posadas”. Declaró que
en noviembre de 1969 su esposo e hijo “fueron secuestrados por una embarcación de la
[M]arina paraguaya” y su esposo fue trasladado al Paraguay, desde donde escapó meses
después y se asiló en Chile, para luego volver a la Argentina con su familia. Luego se
trasladaron a otra provincia, donde su esposo trabajó en el Hospital de San Martín, del cual
acababa de salir cuando fue desaparecido.
La testigo indicó que inició las gestiones de búsqueda de su esposo con la presentación de
una “denuncia ante la policía, recurri[endo] luego al Juzgado […pero] los resultados [de
dichas gestiones] fueron negativos […], las autoridades paraguayas nunca [le] dieron
respuesta”. “Nunca más lo pud[o] ubicar”.
La señora Benítez Feliu de Goiburú declaró que su esposo “era el padre de familia y por ende,
el que proveía el sustento familiar”. Luego de su desaparición, la familia agotó “todos sus
ahorros. [Sus] hijos tuvi[eron] que dejar los estudios y cancelar [sus] planes de vida por
muchos años. [Sólo su] hijo Rogelio pudo terminar la carrera luego de un increíble sacrificio
de penurias y carencias”. Asimismo, manifestó que su esposo era muy emotivo y sensible,
cariñoso, pero responsable y criterioso en la correcta educación de sus hijos”. La testigo
manifestó que la desaparición del señor Goiburú la “ha afectado física y emocionalmente”,
tanto así que “lleg[ó] a perder la memoria y el habla”. Asimismo, manifestó padecer “otros
problemas físicos atribuibles a lo padecido”. Los hijos de la testigo “perdieron el apetito,
abandonaron sus estudios [y] tenían dificultades para relacionarse con sus amistades”.
Además, expresó que está “desesper[ada] por no saber qué pasó con [su esposo] y con sus
restos”. Indicó que esto les genera “angustia, desesperación, traumas, miedos,
enfermedades, depresión total”.
La testigo manifestó que desea que el Estado los indemnice por las violaciones y
“arbitrariedades que sufrió [su] familia, en especial [su] esposo”. Asimismo, indicó que
“quier[e que se implemente] en los colegios y escuelas [una] materia de derechos humanos”,
y que se creen hospitales para atención médica gratuita con el nombre de su esposo. Además
“dese[a] que se solventen los gastos para que [sus] siete nietos pu[edan] estudiar”.
c)
Julio Darío Ramírez Villalba, hermano de Rodolfo y Benjamín Ramírez Villalba
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