27
declaración de paros cívicos y laborales y la fuerza militar alcanzada en las guerrillas
tanto de las FARC como del ELP fueron la justificación para que en 1988 el gobierno
creara la Brigada XI en Montería, la Brigada Móvil Número Uno y la Jefatura Militar
de Urabá. El conflicto social se convirtió entonces en un enfrentamiento militar.
Entre 1988 y 1990 hubo más de 20 masacres de campesinos y sindicalistas
cometidas por los paramilitares con no menos de 200 muertos. Fidel Castaño llevó
a cabo desde “Las Tangas”, con la tolerancia y colaboración de la Fuerza Pública, las
masacres de Currulao (15 asesinados), Buenavista, Córdoba (28 asesinados), Punta
Coquitos, Turbo (26 muertos), Canalete, Córdoba (16 víctimas), Pueblo Bello (43
campesinos desaparecidos y asesinados). El 14 de abril de 1990 5 personas más
fueron asesinadas en Valencia; el 16 de abril de 1990 6 campesinos más fueron
ejecutados, en Apartadó; en octubre 19 del mismo año, 6 personas más fueron
asesinadas; y el 25 de octubre de 1990, sucedió lo mismo en Tierralta a otros 12.
En abril de 1990 en “Las Tangas” aparecieron seis cadáveres de los presuntos
desaparecidos en Pueblo Bello.
l) Peritaje de Carlos Martín Beristain sobre los daños psicosociales
que los hechos ocasionaron a los familiares de las personas
presuntamente desaparecidas y privadas de su vida, así como sobre
su entorno en el corregimiento de Pueblo Bello
El señor Beristain manifestó que los hechos acontecidos en Pueblo Bello tuvieron un
impacto masivo debido a la cantidad de presuntas víctimas, el carácter público de las
capturas y posterior desaparición de las mismas, así como el contexto de indefensión
en que se desarrollaron los sucesos.
Por otro lado, se ha generado un sentimiento de injusticia e indefensión en los
familiares, quienes sufrieron un grado importante de “victimización secundaria” por
la falta de respuesta, cuestionamiento de su dignidad y amenazas frente a sus
intentos de búsqueda. Asimismo, se produjo en los familiares un cuestionamiento
del sentimiento de seguridad y protección por parte del Estado en un contexto de
ausencia de respuesta a sus demandas de búsqueda, con vivencias subjetivas de
complicidad y encubrimiento por parte de diferentes autoridades, así como la
percepción de desprecio. Además, se han visto afectados por un alto grado de
frustración y desesperanza refiriendo una ausencia de respuesta a sus demandas
ante las autoridades, gestiones y movilizaciones.
Los aspectos que han tenido un mayor impacto psicosocial son: a) ausencia total de
condiciones para el reconocimiento de los restos en el hospital de Montería; b) falta
de acompañamiento o atención a las necesidades psicológicas de los familiares; c) el
miedo producido por la falta de garantías que impidió que otros familiares pudieran
acercarse al hospital o participar en los procedimientos de identificación; d) el
empeoramiento de la situación psicológica de los familiares después de haberse
confrontado con los “detalles del horror”, sin ningún tipo de apoyo.
Luego de los hechos “se instaló un clima de miedo [y] desolación en el pueblo y una
alteración total de la vida cotidiana”. Los familiares presentan numerosos problemas
de estrés, debido a la situación de sus propiedades, las cuales se han visto afectadas
por el contexto de emergencia y desplazamiento forzado. Ello ha sido “un factor
clave en la desintegración familiar y comunitaria”. Actualmente, el 75% de la
Select target paragraph3
Connect to a paragraph
Connect to an entity
Disable highlights
Add to table of contents