29 El testigo realizó varias cosas con el propósito de encontrar a las presuntas víctimas. Por ejemplo, levantó una lista de nombres de personas que vieron lo que pasó con la gente de Pueblo Bello y con esos nombres, se dirigió a San Pedro de Urabá ya que, según indicó, hacia ese lugar se fueron los camiones con las supuestas víctimas. El señor Jiménez Romero expresó que los familiares hablaron con un teniente de apellido Rincón, quien no les dio respuesta alguna al reclamo de que la noche de los hechos había presencia de tropas. Al contrario, declaró que el teniente “se enfureció y dijo ‘y ahora por qué sí vienen, cuando se llevaron los ganados [de Fidel Castaño] ustedes no vinieron a denunciar eso pero ahora que se llevan la gente, ahora sí vienen a denunciar eso. Eso seguro se trata de una venganza, ustedes cambiaron la gente por ganado’”. El testigo expresó que le solicitaron al teniente que “se hiciera un allanamiento inmediatamente en la hacienda ‘Las Tangas’, pero que [éste] se negó a realizarlo, alegando que ‘no tenía tropas para mandar a ‘Las Tangas’ y que eso era un proceso, tenía que pedir permiso’”. Posteriormente, el testigo manifestó que realizó denuncias a través de televisión y prensa, de las cuales tampoco obtuvo resultados en cuanto a ayuda para localizar a las presuntas víctimas. En el mismo sentido, manifestó haber tenido encuentros con autoridades militares en su afán de obtener información sobre el paradero su padre y de las otras personas desaparecidas, sin resultado alguno. Finalmente, el señor Jiménez Romero declaró que tuvo que abandonar la región por motivos de seguridad. Posteriormente tuvo que salir de Colombia a exiliarse en Suecia, ya que “veí[a] una amenaza clara y que si no [se] iba del país [lo] iban a matar”. b) Mariano Manuel Martínez, padre de Jorge David Martínez En la época de los hechos el señor Mariano Manuel Martínez tenía 18 días de vivir en Pueblo Bello, ya que se había trasladado para allá por razones de trabajo, debido a que “vi[o] que era un buen sitio para trabajar y sostener a [su] familia”. El día que ocurrieron los hechos entraron dos carros con gente armada. Vio cómo se llevaban a otras personas a punta de fusil hacia donde estaba el carro. Declaró que los hombres “[los] tiraron boca abajo en el piso”. El testigo indicó que pudo reconocer que había “más o menos 12 militares de la base de San Pedro de Urabá”. El testigo manifestó que al día siguiente de los hechos los familiares de los supuestos desaparecidos se trasladaron a la base de San Pedro a buscar a los desaparecidos, y que el teniente de dicha base no mostró interés en ayudarles, “no prestó atención”. Además, el señor Martínez no le dijo a dicho teniente que había habido soldados de la base de él pues le “pareció como un poquito complicado contrarrestarle a un militar que está en su ejercicio.” Indicó que a los tres días después de los hechos, miembros del ejército llegaron a Pueblo Bello y empezaron a entregar un sobre en el que venían 50 mil pesos para cada familia. “Algunas de las personas que estaban allí, padres de los desaparecidos, no quisieron recibir el dinero”. Asimismo, declaró que otro señor, al que también le habían llevado a su hijo, “[tomó] el sobre y […] se lo tiró a uno de [los militares] en los pies […] y [les dijo] que [él] no había vendido un toro para que [se] lo v[inier]an a pagar con 50 mil pesos”. El señor Mariano Manuel Martínez manifestó que se dio aviso por radio a los familiares de los supuestos desaparecidos para ir al hospital de Montería a reconocer unos cadáveres, dentro de los cuales reconoció el cadáver de su hijo.

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