30 Finalmente, el testigo expresó que le fue necesario dejar su finca porque tuvo que salir desplazado. Su hijo presuntamente desaparecido “era el que más [le] ayudaba.” Actualmente no tiene ningún recurso para vivir. Testigos propuestos por los representantes c) Rubén Díaz Romero, padre de Ariel Díaz Delgado Para el momento en que ocurrieron los hechos el señor Díaz Romero vivía en Pueblo Bello con su esposa y 7 hijos. Ariel, su hijo desaparecido, tenía 19 años. Al día siguiente de los hechos el testigo se fue con otras personas a la base militar de San Pedro a buscar a los desaparecidos, pero no recibieron ayuda del ejército para encontrarlos y se tuvieron que devolver. Indicó que, meses después fue avisado sobre los restos encontrados en la finca “Las Tangas”, pero que quien le comunicó no fue la Fiscalía, ni autoridad estatal alguna. Al presentarse al reconocimiento de los cadáveres en el hospital donde tenían los restos “tirados en el piso”, no recibió ayuda de ninguna persona del hospital, de la Fiscalía, ni de ningún funcionario estatal. El testigo manifestó que después de los hechos “muchos [pobladores de Pueblo Bello fueron] esparcidos, f[ueron] desplazados […] a Turbo, Chigorodó y Apartadó”. El ejército les dijo que debían salir del pueblo ya que si no salían “eran cómplices [de] la guerrilla”. Por ello tuvo que salir hacia Chigorodó llevando consigo sus reses. Como desplazado, miembros del ejército “se valieron de la ocasión, […] y obligatoriamente [le] hicieron vender [su] finca”. El señor Díaz Romero manifestó que desde que ocurrieron los hechos el pueblo “se encuentra en la miseria, […] bastante mal económicamente y [ha] sufrido por las violencias, por los sufrimientos de muchas personas que realmente no dejan vivir tranquilo”. El testigo expresó que tiene conocimiento de que las autoridades han buscado a su hijo Ariel, pero que “nunca le han dado una certeza, [ni nada], así sea los restos”. Después de los hechos “[sus] hijos se fueron [y su] esposa quedó muy mal”. Finalmente, manifestó que “no se puede […] explicar por el dolor, por la tristeza que […] queda […] y [por] no [tener] ayuda de ninguno”. d) Blanca Libia Moreno Cossio, madre de Camilo Antonio Durango Moreno La señora Moreno Cossio vivía con sus hijos y su esposo. Su hijo Camilo tenía 20 años y era quien, junto con su esposo, aportaba el sustento de su casa. Cuando la testigo se enteró de lo sucedido en Pueblo Bello, se dirigió a conseguir un medio de transporte para salir hacia San Pedro de Urabá, junto con otros familiares de personas también desaparecidas, a buscar información sobre el paradero de su hijo, sin recibir ninguna noticia. La testigo indicó que se presentó también en el hospital de Montería a tratar de reconocer a su hijo de entre los cadáveres que se encontraban allí. Los cuerpos estaban “en un estado de descomposición muy horrible”, y ella no contó con asesoría

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