21 llevaron, [ya que] si el [Estado] no hubiera dejado entrar esos camiones nada […] hubiera pasado[. Sin embargo, el Estado] no los detuvo, ni entrando ni saliendo”. f) Edilma de Jesús Monroy Higuita, cuñada de Juan Luis y José Leonel Escobar Duarte La testigo vivía en Pueblo Bello con su esposo e hijos. El día de los hechos se encontraba en su casa con sus hijos y tres sobrinos, todos pequeños, así como con sus cuñados Juan Luis y José Leonel y con Ovidio Suárez Carmona, un trabajador de la finca. En la noche, una vecina le dijo a la señora Edilma de Jesús Monroy Higuita que “corr[iera, pues habían] llega[do] los tangueros”. Entonces, la testigo le dijo a sus cuñados “que corrieran porque había llegado gente armada[. Posteriormente,] los tangueros se vinieron detrás de [ellas] y [les] preguntaron que dónde est[aban] los que habían corrido de [su] casa y que si no les dec[ían] [las] llevarían a [ellas]. En ese momento [sus] cuñados y el trabajador fueron saliendo uno a uno de donde estaban escondidos”. Cuando los tangueros se estaban llevando a sus cuñados “una sobrina de nueve o diez años […] se aferró a la cintura de Juan Luis hasta que los subieron al carro”. La señora Monroy Higuita manifestó que después de los hechos cambiaron todos los planes de la familia de irse a manejar un negocio en Medellín, porque “[se quedaron] sin nada. Con todo lo ocurrido fracasaron los proyectos”. Eso ha traído como consecuencia que actualmente “est[én] tan limitados de recursos y que los hijos no tengan la posibilidad de que [se] les d[é] mayor estudio”. Además, luego de la muerte de su suegro no se volvieron a realizar reuniones o fiestas de celebración en la familia. Con posterioridad a los hechos, su cuñada “se iba para los montes y gritaba: ‘¡Juan Luis y Leonel, llévenme!’” Además, cuando dicha cuñada “veía gente armada[,] se asustaba y empezaba a correr[. A]hora […] se sienta por ahí en el piso y empieza a hacer muñecos con el barro del pantano”. La testigo solicitó al Estado “que se haga justicia y que se reparen los daños que se siguen causando hasta el momento y [solicitó] a la Corte que [les] ayude porque van dieciséis años sin saber qué ha pasado”. Para ella justicia es que “los responsables que estén vivos reciban un castigo”. g) Euclides Manuel Calle Álvarez, padre de Jorge Fermín Calle Hernández Para la época en que ocurrieron los hechos el testigo vivía en Palmira, un caserío perteneciente al municipio de Pueblo Nuevo en el departamento de Córdoba, con su esposa y sus ocho hijos. Su hijo Jorge Fermín Calle Hernández vivía en Pueblo Bello. El señor Euclides Manuel Calle Álvarez se enteró de lo ocurrido en Pueblo Bello por la radio. Cuando “escuchó [que] nombraron a su hijo […] sinti[ó] un dolor muy grande al ser desaparecido [su] hijo de esa manera[, ya que] él nunca fue malo”. Al día siguiente viajó a Pueblo Bello y se reunió en Turbo con los demás familiares de los supuestos desaparecidos. Allí estuvo aproximadamente un mes tratando de averiguar el paradero de aquéllos, pero “no se consiguió nada”. Durante el mes que estuvo en Turbo, el testigo tuvo que pedir para poder alimentarse, “algo que […]

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