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tenido más vida”. Al señor Calderón Ruiz le dio por beber casi todos los días. Si le
decían que había alguien que podía decirle dónde estaba su hijo, él iba.
Su hijo era buen estudiante, buen hijo, trabajador y era quien el que les ayudaba en
una tienda de abarrotes que tenían. Era el único de sus hijos que quería estudiar
una carrera. Con la desaparición de Genaro Benito se afectó el negocio, “se bajaron
los ingresos, porque él [les] ayudaba mucho”.
El testigo indicó que ha realizado muchas gestiones para buscar a su hijo. De hecho,
puso una denuncia ante las autoridades de Montería, ante las cuales fue tres veces;
pero después no ha vuelto a dicho lugar.
Un amigo del señor Calderón Ruiz le llamó para que fuera con su esposa a Montería,
pues se habían encontrado 24 cadáveres en la finca “Las Tangas”. En el hospital
nadie les ayudó en la identificación de las personas, no había médicos ni gente de la
Fiscalía, no tomaron datos de los familiares, ni les “dieron explicación alguna”. El
testigo y su esposa revisaron los cadáveres que estaban en el piso “uno al lado del
otro[, negros de barro]”. Ellos creían que lo podían identificar por la ropa, pues “no
sabía[n] de qué otra manera se podía hacer.” El testigo manifestó que después de
eso ninguna autoridad estatal le ha dado información o lo ha buscado para ponerle al
tanto de las gestiones que están realizando para localizar a su hijo.
El señor Calderón Ruiz manifestó su deseo de que su hijo aparezca y de que esté
vivo. Si su hijo no apareciera, el Estado debe darles una indemnización. Además,
expresó su deseo de que se investigue y se castigue a los culpables. Asimismo, pidió
que le ayuden a su esposa con su salud, porque “por culpa de eso […] ella se
enfermó”.
Finalmente, el testigo dijo que “cuando [se] entierra [a un hijo] se satisface, pero
cuando no [se] entierra, se vive pensando que va a llegar”. Agregó que su esposa
“vive pendiente y emocionada con lo de las entregas de los paramilitares, porque ella
guarda la esperanza de que [su hijo] esté vivo y que esté con el grupo paramilitar
que se lo llevó”.
i) Manuel Dolores López Cuadro, hermano de Miguel Ángel López
Cuadro
El día que ocurrieron los hechos el testigo se encontraba en San Pedro. Su hermano
vivía en Pueblo Bello, arreglaba radios, relojes y otros electrodomésticos, y
“patrocinaba” a una sobrina para que pudiera estudiar. El señor Manuel Dolores
López Cuadro manifestó que en 1989 la guerrilla había matado a otro de sus
hermanos, que en 1990 desaparecieron a su hermano Miguel Ángel, y que dos años
después falleció su papá, por lo que “el estado moral de [su familia] ha bajado
mucho con estas cosas”.
El señor Manuel Dolores López Cuadro manifestó que a la entrada de San Pedro hay
una base militar y que en el casco urbano de San Pedro había policías, que sabían “lo
del ganado [desaparecido de Fidel Castaño] y que iban a vengarse[. Sin embargo,]
las autoridades no hicieron nada para proteger[los]”.
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