58 fueron recuperados, y en segundo lugar, porque los niños “no poseen generalmente rasgos identificatorios dentales o en su osamenta que posibiliten diferenciarlos entre sí”. De esta manera, se menciona que la edad y el sexo son dos de los elementos más significativos en la identificación de los niños, pero ello también presenta problemas debido a que las edades proporcionadas no siempre son exactas236. V. ANÁLISIS DE DERECHO A. Cuestión previa sobre la identificación de las víctimas 203. Como surge de la sección de “hechos probados” los hechos violentos dejaron un saldo humano de tal extensión y profundidad que ha sido difícil definir completamente. La Comisión observa más específicamente, que en el presente caso concurren varias circunstancias complejas que implican serias dificultades en la identificación de las víctimas, tanto las personas fallecidas como sus familiares sobrevivientes. 204. Por una parte se encuentra el carácter masivo de los hechos, ocurridos en zonas rurales de difícil acceso y a través de medios que obstaculizan la identificación completa de las víctimas. Como se indicó en los hechos probados, varias de las masacres estuvieron acompañadas de la quema de los lugares donde quedaron los cuerpos de las personas asesinadas, situación que fue resaltada por el EAAF como una de las principales dificultades para lograr la identificación de todas las víctimas fallecidas237. Asimismo, debido a que los familiares sobrevivientes pudieron volver a la zona sólo pasados varios días e incluso semanas, al llegar encontraron varios cuerpos desmembrados. Esto se refleja en algunos resultados de los trabajos de expertos internacionales que en sus informes mencionaron en varias oportunidades que encontraron concentraciones óseas o “body parts”, pero que no pudieron hallar esqueletos completos en algunos de los sitios indicados238. 205. Otro de los elementos destacados por el EAAF y demás expertos internacionales vinculados al caso como peritos accidentales, es la cantidad de niños y niñas que perdieron la vida en las masacres. Según dichos expertos, este hecho implica en sí mismo una seria dificultad en la obtención de resultados satisfactorios en la identificación. Ello debido a que muchos de los restos óseos correspondientes a niñas y niños fueron alcanzados por el fuego, sumado a que por la temprana edad en que fueron asesinados, sus huesos aún estaban en proceso de formación y eran particularmente frágiles239. 236 Informe del Equipo Argentino de Antropología Forense sobre los trabajos de exhumación realizados en 2003. 237 Informe del Equipo Argentino de Antropología Forense sobre los trabajos de exhumación realizados de 1992 (Anexo D al escrito de los peticionarios de 11 de noviembre de 2002). Este documento indica que el estado de conservación de los restos óseos es sumamente precario, estando muchos de ellos incompletos. Ello obedece a varios factores como el alto número de niños, la cantidad de fragmentos de proyectil de arma de fuego que impactaron los cuerpos y vestimenta de las víctimas, la acción del fuego, la caída del techo y las paredes de la vivienda sobre los cuerpos y el grado de acidez de la tierra. 238 A título de ejemplo, en la exhumación del Sitio 2 del caserío El Mozote en 2001, el EAAF llegó a la conclusión de que las condiciones que presentaban los huesos eran muy malas. Sólo se recuperaron fragmentos de huesos y cenizas. No fue posible hallar esqueletos articulados o semi-articulados. Se encontró un mínimo de 31 concentraciones conformadas por fragmentos de huesos correspondientes a cráneos. No se trata de un número mínimo de individuos. Nuevamente en esta oportunidad, se indica que entre los factores que contribuyeron al deterioro de los restos óseos se encuentra la acción del fuego, la cantidad de proyectiles encontrados que produjeron serias lesiones en los huesos y la caída del techo y paredes de la vivienda sobre los cuerpos. 239 Informe del Equipo Argentino de Antropología Forense sobre los trabajos de exhumación realizados de 1992 (Anexo D al escrito de los peticionarios de 11 de noviembre de 2002); e Informe del Equipo Argentino de Antropología Forense sobre los trabajos de exhumación realizados en 2000 (Anexo E al escrito de los peticionarios de 11 de noviembre de 2002).

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