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IV.
Los Hechos y los Sujetos de Derecho.
17.
En lo que respecta a la milenaria brutalidad humana, los hechos superan en mucho a la
imaginación humana. Cuando uno piensa que ha imaginado lo peor, surge entonces un hecho
que demuestra que el ser humano es capaz de ir aún más allá en el trato brutal dispensado a
sus semejantes:
"Dentro del edificio, el estruendo de los disparos, con resonancia ensordecedora en el
espacio limitado del zaguán, había causado pavor. En los primeros momentos se creyó que los
soldados iban a irrumpir en las salas barriendo a balazos todo lo que encontraran en su camino,
que el Gobierno había cambiado de idea, optando por la liquidación física en masa (...). Vieron a los
cuerpos amontonados, la sangre sinuosa arrastrándose lentamente por las losas como si estuviese
viva, y las cajas de comida. (...) El peligro acecha a los imprudentes, en aquellos cuerpos sin vida,
sobre todo en la sangre, quién podría saber qué vapores, qué emanaciones, qué venenosos
miasmas estarían desprendiéndose ya de la carne destrozada de los ciegos. Están muertos, no
pueden hacernos nada, dijo alguien[; ...] fijaos, ni se mueven ni respiran, pero quién nos dice que
esta ceguera blanca no será precisamente un mal de espíritu, y si lo es, partamos de esta hipótesis,
los espíritus de aquellos ciegos nunca habrían estado tan sueltos como ahora, fuera de los cuerpos,
y por tanto libres de hacer lo que quieran, sobre todo el mal, que, como es de conocimiento
general, siempre ha sido lo más fácil de hacer" 11.
18.
Es ésta una descripción de las consecuencias del ataque armado a la Prisión de Castro
Castro? Aunque pudiera prima facie parecerlo, no lo es; trátase, más bien, de la alegoría del
"brote epidémico de la ceguera blanca" de José Saramago 12, quien agrega:
"La conciencia moral, a la que tantos insensatos han ofendido y de la que muchos más han
renegado, es cosa que existe y existió siempre, no ha sido un invento de los filósofos del
Cuaternario, cuando el alma apenas era un proyecto confuso. Con la marcha de los tiempos, (...)
acabamos metiendo la conciencia en el color de la sangre y en la sal de las lágrimas, y, como si
tanto fuera aún poco, hicimos de los ojos una especie de espejos vueltos hacia dentro, con el
resultado, muchas veces, de que acaban mostrando sin reserva lo que estábamos tratando de
negar con la boca" 13.
19.
A los penetrantes mensajes de las alegorías de A. Camus sobre la peste, y de J.
Saramago sobre la ceguera, yo me permitiría agregar una brevísima ponderación, suscitada
por los hechos del presente caso. De los escombros del bombardeo de la Prisión de Castro
Castro, de la devastación del ataque armado perpetrado contra sus internos indefensos los
días 06 al 09 de mayo de 1992, de la sangre de sus víctimas amontonadas, de las
brutalidades prolongadas en el tiempo, de los daños causados a los ojos de los internos por las
esquirlas (armas de fragmentación) y los gases, - de toda esa masacre sin piedad, emerge la
11
.
J. Saramago, Ensayo sobre la Ceguera, México, Punto de Lectura, 2005 [reimpr.], pp. 121-122, y cf. pp.
160-161 para otras "descripciones".
12
.
Cf. ibid., pp. 64 y 266.
13
.
Ibid., pp. 30-31, y cf. p. 112.