fueron acribilladas en una casa ubicada a un extremo de la plaza, en donde quedaron sus
cuerpos apilados. Los peticionarios señalaron que sólo una persona sobrevivió a esta masacre,
la señora Rufina Amaya Márquez, quien ha sido trascendental para la reconstrucción de los
hechos 2. Llegada la noche, los soldados llevaron a los niños a una construcción aledaña a la
iglesia del caserío que era conocida como "el convento", en donde los ejecutaron. Los
peticionarios afirman que los niños sumaban más de un centenar.
11. Se alegó que tras terminar los asesinatos, los soldados procedieron a incendiar los cuerpos
y las viviendas del caserío. Los peticionarios afirman que la Oficina de Tutela Legal del
Arzobispado ha logrado individualizar, hasta la fecha, a 364 personas asesinadas en este
caserío.
12. Según los peticionarios, el mismo 11 de diciembre de 1981, la población de La Joya sufrió
un operativo militar de similares características al desarrollado en El Mozote.
Aproximadamente a las ocho de la mañana, los soldados ingresaron al cantón y asesinaron a
todas las personas que allí se encontraban. Según los peticionarios, la Oficina de Tutela Legal
del Arzobispado ha logrado individualizar, hasta la fecha, a 139 personas asesinadas en este
caserío.
13. Los peticionarios indicaron que en la madrugada del 12 de diciembre, tras participar en los
hechos de El Mozote, la Tercera Compañía del Batallón Atlacatl se desplazó hacia el nordeste
con rumbo a los caseríos Ranchería y Los Toriles. Esa misma mañana, habiendo asesinado a
todas las personas que encontraron en Ranchería, los militares se desplazaron hasta Los
Toriles. En este caserío los militares repitieron la operación y luego tomaron camino hacia
Guacamaya. Los peticionarios alegaron que hasta la fecha se han logrado identificar los restos
de 54 personas ejecutadas en Ranchería y de 62 personas ejecutadas en Los Toriles.
14. Según la petición, aproximadamente a las siete de la mañana del 12 de diciembre de
1981, otra sección de la tropa del Batallón Atlacatl llegó al caserío Jocote Amarillo, en donde
acribillaron a todas las personas que encontraron. De cuerdo a lo alegado por los peticionarios,
hasta la fecha se han individualizado 17 víctimas ejecutadas en el caserío Jocote Amarillo.
15. El mismo día, según lo alegado por los peticionarios, en el Cantón Cerro Pando, un
centenar de campesinos fueron masacrados por las tropas militares. A la llegada de los
militares a Cerro Pando muchos de sus habitantes se habían ocultado en montes vecinos,
pudiendo escuchar desde allí la masacre. Según la información de la Oficina de Tutela Legal del
Arzobispado, hasta la fecha se han individualizado 114 cuerpos de personas ejecutadas en
Cerro Pando. Asimismo, los peticionarios indicaron que al menos 15 personas que se ocultaban
en los campos fueron descubiertas y masacradas por los militares en el sitio conocido como
"Cerro Ortiz", de la jurisdicción de Joateca, departamento de Morazán.
16. Los peticionarios alegaron que las autoridades, a pesar de conocer de los hechos, se
negaron iniciar la respectiva investigación de lo ocurrido. Indican que la masacre era de
conocimiento público no sólo nacional sino internacional y alegan que muestra de ello son los
reportajes publicados simultáneamente por los diarios The New York Times y The Washington
Post pocos días después de lo ocurrido 3. Según los peticionarios, debido a los riesgos que
entrañaba presentar la denuncia y la situación generalizada de inoperancia del poder judicial
durante la vigencia del conflicto, ésta sólo pudo ser formalmente presentada en octubre de
1990. La investigación correspondió al Juez Segundo de Primera Instancia de San Francisco
Gotera. Según los peticionarios, desde sus inicios, el proceso de investigación de la masacre
estuvo teñido por “una serie de irregularidades y falencias graves”. Así, se señaló que desde el
2
Los peticionarios señalaron que la señora Rufina Amaya fue obligada a salir dentro del penúltimo grupo de mujeres y
aprovechó un descuido de sus captores para esconderse detrás de un arbusto de manzano. Allí permaneció oculta
mientras era testigo de los asesinatos de las mujeres y los niños. En su relato, la señora Amaya afirma que reconoció
la voz de sus cuatro hijos pidiendo auxilio antes de ser asesinados
3
Cfr. "Alma Guillermoprieto, Salvadoran Peasants Describe Mass Killing", The Washington Post, January 27, 1982,
Cover page and Page A-16; y “Raymond Bonner, Massacre of Hundreds Reported in Salvador Village, The New York
Times, January 27, 1982, cover page.
3
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