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mutilados de algunas de estas personas; de la desaparición forzada y la falta de
oportunidad de dar a sus familiares una sepultura acorde con sus tradiciones, valores
o creencias; de haber sido desplazados; de la falta de actuación e investigación
estatal para sancionar a los responsables y de que la masacre no ha sido objeto de
una investigación inmediata y efectiva, lo cual sigue teniendo un impacto directo en
su seguridad y estado mental. Asimismo, alegaron que el Estado no ha adoptado
medida alguna para proteger a dichos familiares de hostigamientos y agresiones, lo
cual les ha generado sentimientos de profunda inseguridad y angustia.
141. Como se ha mencionado, el Estado no incluyó a los familiares de las víctimas
en su reconocimiento de responsabilidad, razón por la cual la Corte entrará a
considerar si, en el presente caso, el Estado incurrió en violación del artículo 5 de la
Convención en perjuicio de éstos.
142. La Corte tuvo por probado que los habitantes de Mapiripán estuvieron
sometidos a condiciones de terror entre el 15 y el 20 de julio de 1997. Varios de
ellos presenciaron cómo los paramilitares se llevaban a sus familiares, escucharon
los gritos de auxilio mientras eran torturados, se enteraron y fueron testigos de que
los cuerpos fueron arrojados al río y, en dos casos, encontraron el cuerpo torturado
de aquéllas. De los hechos del caso se evidencia el profundo miedo, sufrimiento y
dolor padecidos por los familiares de las víctimas, como resultado de los actos y el
nivel de atrocidad a los cuales fueron sometidas éstas. Esta situación surge de las
propias palabras de algunos de los familiares de las víctimas que rindieron su
declaración en el proceso ante este Tribunal:
a) Carmen Johanna Jaramillo:
Cuando me acerqué yo lo conocí, yo le conocí el buso que llevaba y todo, era mi papá.
Yo me senté a su lado y perdí noción de todo, casi me vuelvo loca, lo iban a tapar, yo
decía no lo tapen que el se va a despertar. Yo me agaché a su lado y levanté su cabeza
en mis piernas, y tenía la garganta cortada. Mi papá tenía cortaduras en la carita, lo
habían amarrado con un nylon negro, yo dije “¿por qué lo amarraron si él no era malo?”.
Me quedé con él llorando por tres horas hasta que me sacaron del lugar. Yo no lo podía
creer, él era muy bueno, ayudaba a la gente que no tuviera que comer […]. Lo mataron
dizque porque era colaborador de la guerrilla. Lo íbamos a sacar pero no dejaron. Los
paramilitares decían que donde matan una persona ahí se queda […]208.
b) Maryuri Caicedo Contreras:
Cuando volteamos preguntaba dónde estaba mi papá y mis hermanos, y no estaban más
atrás. La gente salía de las casas y lloraba, le dijeron a mi mamá que no vuelva porque
la podían matar a ella y a sus hijos. Mi mamá lloraba, empezamos a buscarlos, fuimos a
buscarlos por el lado del río. Vi gente tirada en el río, vi unas personas que sólo tenían el
cuerpo, pero no tenían ni manos, ni cuerpo, ni cabeza. Lo buscábamos por todos lados y
no lo encontramos209.
c) Nadia Mariana Valencia Sanmiguel:
208
Cfr. declaración testimonial rendida ante fedatario público (affidavit) por la señora Carmen
Johanna Jaramillo Giraldo el 4 de febrero del 2005 (expediente sobre declaraciones rendidas o
autenticadas ante fedatario público, folio 4540).
209
Cfr. declaración jurada rendida por la testigo Maryuri Caicedo Contreras el 16 de febrero del 2005
(expediente sobre declaraciones rendidas o autenticadas ante fedatario público, folio 4569)
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