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tenía plata para comprarlo. Antes de salir de Mapiripán tenían muchas cosas y ahora
no tienen nada.
Sigue pensando mucho en su padre y hermanos. Sus hermanos le hacen mucha
falta. Llora mucho, duerme mal a veces y tiene pesadillas en las que recuerda cómo
mataban a la gente de Mapiripán. Su padre le iba a festejar sus quince años y le
había prometido comprarle una moto; no recibirá el regalo prometido. Le gustaría
volver a tener las mismas comodidades que tenían antes y le parece importante que
los responsables sean castigados.
h) Nadia Mariana Valencia Sanmiguel, hija de José Rolan Valencia
Su padre era empleado de la alcaldía y trabajaba como despachador del aeropuerto.
Describió la llegada de los paramilitares a su pueblo, la manera en que cambió el
ambiente por completo y los comentarios que se hacían de que estaban matando
gente.
El día que se llevaron a su padre de la casa “[t]odos [su]s hermanos estaban afuera
llorando y [su] mamá también estaba llorando con su niño enfermo”. En el momento
de la captura, su padre rogaba a los paramilitares que no lo mataran porque tenía 5
hijos, un hijo enfermo y su esposa. Su hermana menor, Yinda, lloraba todo el
tiempo. Al día siguiente, el inspector y el alcalde llegaron a avisarles que los
paramilitares habían matado a su padre y que su cuerpo estaba en el aeropuerto. Su
hermana Yinda agarraba fuertemente la fotografía de su papá y su madre suplicaba.
Nunca vieron muerto a su padre, pero la gente les contó que “lo habían degollado,
habían jugado fútbol con la cabeza […], y que su cabeza estaba a diez metros del
cuerpo.[…] No dejaban recoger los cuerpos, el que los fuera a recoger […] lo
mataban los paramilitares. […] El inspector le hizo un permiso a [su] mamá para que
recogiera a [su] papá[, a quien] envolvieron en una sábana y lo enterraron en una
tumba en el cementerio, ahí le acomodaron la cabeza. [Ella] sólo vi[ó] una pierna de
[su] papá cuando él iba pasando en una camioneta.” Nunca pudo ver la tumba de su
padre y el día que lo enterraron su hermana estaba muy alterada y triste.
Al enterarse de que habían matado a su padre lloró mucho, sintió mucha rabia,
mucho dolor y no sabía qué sería de [su madre, sus hermanos y ella] sin él, porque
eran muy pequeños. Posteriormente, su familia y ella se fueron para Villavicencio y
vivieron en casa de unos amigos de su padre durante un mes; recibían comida y
ayuda de la pastoral social y de los amigos, nada del gobierno. Tampoco en ese
momento pudieron estudiar. A su madre le tocó trabajar en casas de familia. Su
padre les proveía los alimentos y les daba todo. Después de su muerte han tenido
que vivir muchas privaciones, ya que su madre escasamente les podía conseguir la
comida.
Tuvo que irse a un internado para poder volver a estudiar, aunque hubiera querido
estar con su madre. Extrañaba mucho a su familia y duró dos años sin querer
estudiar pues “psicológicamente estaba mal, no podía dormir bien, [tenía] pesadillas
[…] con personas que perseguían a [su] padre y [a sus] hermanos. [Se] volvió
agresiva. [C]reía que todo el mundo era su enemigo”. Su vida cambió muchísimo
desde que murió su padre, pues siempre había vivido en un pueblo con sus dos
padres y en su vida actual ya no es así. Le gustaría volver de visita a Mapiripán, pero
no para quedarse pues le trae malos recuerdos.
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