12 Regional, la testigo sólo conoce el Hospital Militar en Asunción. En el asentamiento tampoco cuentan con baños, lo cual hace que los niños se enfermen con facilidad. Cuando alguien muere lo entierran al costado de la ruta y sin ningún tipo de documentación; sólo en algunos casos aislados las autoridades emiten certificados de defunción. En cuanto a la educación, cuentan con una pequeña escuelita pero casi sin recursos. Un extranjero los ayuda proporcionándoles lápices y cuadernos. La Gobernación de Presidente Hayes ayuda muy poco. Cuentan con una maestra que enseña doble turno pero sólo hasta segundo grado. Las clases se imparten solo en guaraní y castellano, por lo que no reciben clases en su idioma. Las ancianas de la Comunidad todavía hablan su idioma y tratan de comunicarse así con sus nietos para que no se pierda su cultura. Anteriormente “cuando [los ganaderos] no [le]s causaban tantas molestias podía[n] practicar sus ritos y costumbres”, pero en la actualidad esto es muy difícil, ya que viven al costado de la ruta. Los miembros de la Comunidad confían en sus líderes y saben que hacen todo lo posible por conseguir su tierra y que tienen que soportar malos tratos de las autoridades paraguayas y de los ganaderos. En la época en que estaban en la estancia Maroma, también sufrieron mucho. Los indígenas trabajaban pero no sabían cuanto era su sueldo. La testigo habló varias veces con el dueño para decirle que los trataba como animales pero, según su testimonio, él comenzó a amenazarla con que iba a derribar su casa y traer policías. Luego de muchos maltratos decidieron retirarse de la estancia e instalarse al costado de la ruta para reivindicar sus tierras. Los más afectados por la falta de tierra son las personas de edad y los niños. d. Declaración de la señora Mariana Ayala, presunta víctima Pertenece a la Comunidad indígena Sawhoyamaxa. Desde hace mucho tiempo vive al costado de la ruta en la aldea “Km. 16”. La testigo indicó que en ese asentamiento los miembros de la Comunidad no pueden cultivar ni tener animales, ya que “no tienen mucho espacio, están entre el asfalto y la alambrada, [que sólo tiene] unos 50 metros de ancho”. “[L]os hombres [de la Comunidad] van a cazar a propiedades privadas, que antes eran [suyas], o se van a buscar trabajo en las estancias vecinas como changadores, por su parte, las mujeres recolectan frutas y miel”. Los miembros de su Comunidad viven muy mal, sus hijos están en constante peligro, pero “no h[an] tenido accidentes de tránsito fatales como sí ocurrió en Santa Elisa”. Sin embargo, han sufrido la muerte de varias personas desde que están asentados al costado de la ruta, como ha sido verificado por el doctor Pablo Balmaceda, quien visitó varias veces a la Comunidad e hizo un informe al respecto. La testigo señaló que la asistencia en salud que reciben los miembros de la Comunidad es deficiente, por lo que recurren a la medicina tradicional. Para los miembros de esta Comunidad es muy difícil ir al hospital, ya que no cuentan con medios económicos suficientes. La ciudad de Concepción, donde se encuentra el hospital más cercano al asentamiento, pertenece a otro departamento, por lo que muchas veces no pueden atenderlos y les dicen que deben ir al hospital de su departamento: Villa Hayes, el cual se encuentra muy lejos. El año pasado su sobrina se enfermó gravemente y “mientras alguien fue a buscar plata para el pasaje ya no tuvi[eron] tiempo de hacerla llegar al hospital[,

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