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Posteriormente, el grupo de búsqueda se dirigió hacia la finca de Henry Pérez, pero unos
trabajadores les advirtieron que no pasaran por ese lugar porque era peligroso, ya que era
una zona de “paramilitares”. El testigo y los familiares de las presuntas víctimas durmieron
al lado del campamento en el que estaban los trabajadores y al día siguiente fueron a la
finca de Henry Pérez, “El Diamante”. Le preguntaron a un señor que salió de la finca con
unos perros si conocía sobre el posible paradero de sus familiares, pero éste no les dio
información, por lo que se dirigieron hacia Puerto Boyacá. En Puerto Boyacá los detuvieron
unas personas armadas vestidas de civil que se hacían llamar “autodefensas”, les pidieron
sus cédulas, los bajaron de la camioneta y los encañonaron. Les preguntaron hacia dónde
se dirigían y el testigo y sus acompañantes contestaron que estaban buscando a sus
familiares. Una de estas personas armadas fue a pedir instrucciones a su “comandante”.
Cuando regresó les devolvió las cédulas y les dijo que su “comandante” les había dado
autorización para pasar. Después de este incidente el grupo de búsqueda fue a Nutrias, a la
“Y” de Puerto Boyacá, luego tomaron la carretera hacia la base militar de Pata de Vaca y
después fueron “donde los esmeralderos”. Debido a que nadie les dio información sobre el
paradero de sus familiares, el testigo y sus acompañantes regresaron a Ocaña. En este
primer viaje duraron aproximadamente diecisiete días.
Después de regresar a Ocaña, siguieron sin recibir información sobre el paradero de los
comerciantes. El testigo junto con otros cuatro familiares de los comerciantes organizaron
un segundo viaje en búsqueda de éstos. En este viaje recorrieron la misma ruta del primer
viaje de búsqueda. Sin embargo, este segundo viaje fue más rápido porque sabían que
corrían peligro. En Puerto Araujo se hospedaron en el hotel El Diamante, en el cual también
se habían hospedado los comerciantes. La señora que se encargaba del hotel primero les
dijo que no podía darles posada porque “había mucho paramilitar” y luego les permitió
quedarse pero les advirtió que no respondía por sus vidas. Aproximadamente a las 22:30
horas llegaron unos señores en unos “camperos” y dijeron “huele a carne nueva”. Esa
noche el testigo y los otros familiares de los comerciantes durmieron debajo de las camas
de la habitación. Al otro día la señora encargada del hotel les recomendó que se fueran
porque esas personas los estaban buscando y les contó que los carros en que viajaban los
comerciantes se los habían llevado los soldados de la base de Puerto Araujo. El testigo y
sus acompañantes fueron a la base militar de Puerto Araujo, en donde unos soldados les
informaron que los carros estuvieron detenidos pero que se los había llevado el Ejército
probablemente al puesto de los “paramilitares” o al Batallón Bárbula. El testigo y sus
acompañantes se dirigieron a dicho Batallón con la finalidad de preguntar; sin embargo,
cuando llegaron vieron que venían un “campero” y dos camionetas, una de las cuales tenía
una ametralladora arriba, y que “los paramilitares entraron” al Batallón, por lo que
decidieron no preguntar. Seguidamente fueron a Puerto Boyacá a hablar con la Policía y
con el Alcalde. Le pidieron ayuda a este último y le informaron que los carros de sus
familiares muy probablemente los tenía el Ejército. El Alcalde les dijo que fueran a
preguntar a Henry Pérez, quien era un “comandante” de los “paramilitares”, o que
preguntaran al Comandante del Ejército.
El testigo y los otros familiares de las presuntas víctimas salieron de Puerto Boyacá y fueron
a almorzar a un hotel ubicado en un lugar que se le conoce como la “Y”. Cuando estaban
allí llegaron varias personas en un “campero”, dos camionetas y otros carros y entraron. El
testigo vio cuando entró un señor alto y delgado, vestido con un sombrero “llanero” y con
botas “llaneras”, que tenía sus pistolas “amarradas” y traía una granada. El testigo supuso
que se trataba de Henry Pérez, pero no pudo decirle nada en ese momento. La señora del
hotel les recomendó que se fueran con cuidado y que pidieran información en una cantina
en Nutrias. Cuando el testigo y los otros familiares de las presuntas víctimas estaban en
Doradal se les acercaron dos personas en moto, les preguntaron si ellos estaban buscando a