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materiales encontradas en las fosas de Cieneguilla permiten deducir que en dicho lugar se
encontraban los restos de los estudiantes Bertila Lozano Torres, Juan Gabriel Mariños
Figueroa y Armando Richard Amaro Cóndor, “encontrándose también restos de objetos que
pertenecieron a Robert Teodoro Espinoza y Heráclides Pablo Meza”. En las segundas fosas
encontradas en Huachipa se hallaron restos humanos que no llegaron a ser quemados: a
saber, medio esqueleto correspondiente a Dora Oyague Fierro y el esqueleto completo de
Luis Enrique Ortiz Perea”.
Los peritos dedujeron que la ejecución de las presuntas víctimas se llevó a cabo la misma
madrugada del secuestro. Esto se ha confirmado luego con las declaraciones de los
procesados acogidos a “la Colaboración Eficaz”.
Hacía informes a la prensa “porque el caso era de dominio público y para proteger la
investigación y [su] labor, ya que para ese tiempo ya existía intervención de poder político
en los órganos encargados de administrar justicia”.
Luego de que se comprobó la posibilidad de realizar estudios de ADN en algunos de los
restos, se consideró la posibilidad de que los mismos se realizaran en Estados Unidos y
Japón, aunque finalmente se optó por Gran Bretaña.
El doctor Escalante, un experto en genética, había manifestado que las pruebas a ocho
huesos tendrían un costo de 15 mil dólares. En agosto de 1993 dicho médico informó que
“no podía culminar con las gestiones”. Posteriormente, resultó que el costo era mayor por lo
que sólo se pudo hacer el análisis de un hueso, cuyo resultado coincidió con el código
genético de Felipe Flores Chipana.
Estando a cargo de la investigación fiscal se sintió amenazado pues “unos encapuchados en
camionetas [estuvieron rodeando su casa]”.
i)
Edmundo Cruz Vilchez, periodista del semanario “SI” al momento de los
hechos
Tuvo conocimiento de los hechos de las desapariciones de los estudiantes de La Cantuta a
través de labor periodística. La información sobre el grupo Colina y uno de sus operativos
más trascendentes, la desaparición del profesor y los nueves estudiantes de la Universidad
la Cantuta, fue obtenida entre diciembre de 1992 y octubre de 1993. La revista “SI” recibió
de un congresista “una muestra de restos óseos humanos indicando que pertenecían a los
desaparecidos de La Cantuta y un croquis describiendo el lugar donde se encontrarían
sepultados”. Estos elementos llevaron al descubrimiento de las fosas de Cieneguilla. A partir
de este descubrimiento se abrió una investigación fiscal del caso La Cantuta.
Posteriormente, un miembro del grupo Colina entabló contacto directo con él y con José
Arrieta Matos, otro periodista de la revista “SI”. La información que dicha persona
proporcionó permitió llegar a las fosas de Ramiro Prialé, donde las presuntas víctimas
habrían recibido entierro primario.
En el marco de su trabajo en la investigación tuvo que enfrentar varios obstáculos. De
hecho, “el Congreso de la República aprobó por amplia mayoría un acuerdo solicitando al
Ministerio del Interior que se brindara protección policial a los tres periodistas de la revista
“SI” autores del hallazgo”.
En el curso de la investigación periodística sobre el Grupo Colina fueron “objeto de
amenazas telefónicas, seguimiento, toma de [sus] teléfonos. En el caso de La Cantuta [se
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