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encontra[ron] viviendo en la azotea de esa casa, tuvi[eron] que improvisar con cartoncitos,
triplay y esteras dos habitaciones […] Empeza[ron] a vivir en esas condiciones precarias”.
Su esposo estaba tan “dedicado a sus hijos” que su hija mayor fue la que se vio más
afectada con su desaparición. Le mintió a su hija acerca de lo acontecido con su padre y le
dijo que se había ido de viaje de trabajo, lo que ella no creía. Cuando ella se tardaba en
llegar a casa, su hija pensaba que tampoco iba a regresar.
La desaparición de su esposo también la “afectó en el aspecto laboral […] porque ya no era
la profesora entregada y dedicada a [sus] alumnos. Tenía que pedir permiso, tenía que salir
constantemente y prácticamente, por ética profesional, tuv[o] que cesar, renunciando a
[sus] derechos o a [sus] beneficios [… Tuvo] que pedir el cese para poder seguir haciendo
los trámites […] y seguir con estas gestiones”. Ello ha afectado económicamente a su
familia.
No encontró nada de su marido en las fosas descubiertas. Las autoridades, sin embargo,
tomaron muestras de sangre a su hijo menor para hacer el estudio de ADN, cuyo resultado
desconoce.
En la época de los hechos “era normal que a cualquier ciudadano […] lo cogieran y se lo
llevaran a hacer las investigaciones aduciendo que era terrorista. [Al] escuchar pues la
palabra terrorismo, todo el mundo huía de esa persona”. De hecho, sus amigos y algunos
familiares les “han dado la espalda”, pues creen que su esposo era terrorista. “La gente
vivía[…] angustiad[a, pues] en cualquier momento [se] salía de [la] casa y no [se] sabía si
[se] iba a volver”. Consideró que había conciencia en la población de una práctica
sistemática y del terrorismo de Estado.
A la cuñada que la acompañaba en las diligencias y caminatas la seguía un carro con cierta
frecuencia. Por otro lado, sus hijos tenían miedo de que ella declarara ante la Corte
Interamericana.
Los familiares de las personas muertas o desaparecidas no tuvieron acceso al fuero militar.
Posteriormente, con la caída del gobierno de Fujimori, tuvo la esperanza de encontrar
justicia, pero no ha sido así. En el proceso actual, en el cual ha brindado su testimonio ante
la Fiscalía, sólo hay unos cuantos procesados y otros están libres. El proceso es largo y
tedioso. Participó en una diligencia que fue “terrible porque la persona que estaba
declarando dijo con lujo de detalles cómo […] había matado a [su] esposo”. Desde
entonces no ha vuelto a ir porque “qued[ó] mal e impresionada”. Su cuñado y los demás
familiares la mantienen al tanto.
No ha recibido perdón por lo sucedido a su esposo. Aunque la necesitan, ni sus hijos ni ella
han recibido atención psicológica. No ha podido superar lo acontecido a su marido.
Desde su perspectiva de educadora la educación y la salud deben formar parte de una
reparación integral. Asimismo, piensa que “los seres humanos, no [pueden] dejar[se]
atropellar. […] Son valores que se les tiene que enseñar a [l]os jóvenes”.
Solicitó a la Corte justicia; que se juzgue y se sancione a todas las personas involucradas,
no sólo a los autores materiales, sino también a los intelectuales; que la Universidad no
“sea olvidada”.
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