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alguna para que alguien le dijera cómo reconocer el cuerpo de su hijo. A la fecha,
ninguna autoridad estatal le ha dado información sobre el paradero de su hijo.
La señora Moreno Cossio declaró que Belarmino, su hijo menor, tenía 9 años para la
época de los hechos. Después de la supuesta desaparición de su hermano, el niño
“se puso en una tristeza” y constantemente pedía que su hermano regresara. La
testigo expresó que al niño “se le veía en una tristeza horrible, […] que en adelante
era triste, triste”. El niño le decía que “se [le había] present[ado] Camilo, que
Camilo [le] tiraba un lazo y [le] decía que se tir[ara] que no le pasa[ba] nada”. La
testigo llevó a su hijo menor a un médico, quien le dijo que “no tenía nada, que eso
eran locuras de él, [además de que] no hubo forma de llevarlo a un especialista
[por] la situación económica, pues no ten[ían] ni seguro ni nada y lo dej[aron] así”.
La testigo declaró que a los quince días de haberse dado estos acontecimientos con
su hijo menor lo encontraron colgado. Inmediatamente lo llevaron al hospital, pero
“no había nada más que hacer, se ahorcó […] se desnucó”.
Finalmente, la señora Moreno Cossio pidió que se haga justicia y que “[l]e entreguen
a [su] hijo [Camilo], así sea los restos”.
e) Nancy Amparo Guerra López, hija de Carmelo Guerra
Al momento de los hechos la testigo tenía 15 años de edad y vivía con su padre y la
esposa de éste. Manifestó que su padre era “el único ser que [ella] tenía, […] el ser
más querido”.
La señora Guerra López indicó que su padre era quien llevaba “el pan de todos los
días a la casa, que nunca [les] faltaba nada”. Después de que él desapareció ella
dejó de estudiar y tuvo que “trabajar, […] aguantar humillaciones, frío, hambre, […]
depresiones.” La testigo expresó que su vida hubiera sido diferente si su padre no
hubiera desaparecido porque ella “habría terminado de estudiar, hubiera sido una
mujer preparada, quizá hubiera hecho una carrera y […] quizá hoy día [su] papá
estuviera comiendo de [su] mano”. Finalmente, la testigo manifestó que quiere que
le “regresen [a su padre] porque al día de hoy no [sabe] dónde está”.
f) José Daniel Álvarez Ruiz, hijo de José del Carmen Álvarez Blanco y
sobrino de Cristóbal Arroyo Blanco
El señor José Daniel Álvarez Ruiz describió “el panorama desolador” de la diligencia
del reconocimiento de cadáveres llevada a cabo en el hospital de San Jerónimo de
Montería. Se refirió a los cuerpos ahí ubicados como “una masa entre lodo y restos
humanos [que] no se podían identificar”.
El testigo indicó que a partir de 1993 se vinculó a ASFADDES. Como miembro de
dicha asociación se ha mantenido al tanto del “estado de las investigaciones y [lo
que ha] pasado con los restos”. Asimismo, manifestó que ha realizado solicitudes
verbales y escritas para obtener información sobre el expediente del caso.
El señor Álvarez Ruiz manifestó que en la exhumación realizada en agosto de 1993
se llevó a cabo durante una época de invierno, por lo que “después de quince días la
diligencia terminó sin ningún resultado”. Además, declaró que se realizó una
exhumación en la finca “Las Tangas”, y que después dicho lugar “no quedó
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