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[…] si una persona tiene dentro de su ámbito de competencia deberes de seguridad en
el tráfico o de protección frente a determinados bienes jurídicos, en el juicio de
imputación es totalmente accesorio precisar si los quebrantó mediante una conducta
activa […] o mediante una omisión […]. En una grave violación a los derechos
fundamentales, la conducta del garante que interviene activamente en la toma de una
población, es similar a la de aquel que no presta la seguridad para que los habitantes
queden en una absoluta indefensión. […]
[…] las Fuerzas Militares, así como la Policía Nacional, tienen una posición de garante
derivada de su obligación de cumplir deberes irrenunciables en un Estado social de
derecho. El artículo 217 de la Constitución dispone que es función de las fuerzas
militares garantizar el orden constitucional. Dicho orden no se limita a preservar la
estructura democrática del país, sino que comprende el deber de participar activa y
eficazmente (C.P. art. 209) en la defensa de los derechos constitucionales de los
asociados. Tales derechos constituyen los bienes respecto de los cuales el Estado tiene
el deber –irrenunciable- de proteger.
Respecto de dicho deber, las fuerzas armadas ocupan un lugar primordial. En efecto,
parte esencial del respeto por los derechos constitucionales se edifica sobre la obligación
del Estado en proteger a los titulares de tales derechos contra las violaciones a los
mismos por los particulares. La defensa de los derechos no se limita a la abstención
estatal en violarlos. Comporta como se ha indicado, enfrentar a los agresores de tales
derechos. […]
Los hechos conocidos como la masacre de Mapiripán constituyen uno de los momentos
más tristes de la historia colombiana. La situación de terror a la cual fue sometida la
población de Mapiripán, los actos atroces de tortura general e individual, degradación de
la condición humana y homicidios, son conocidos por la opinión pública. En los
antecedentes de esta sentencia se […] da cuenta, en forma sintética – más no por ello,
carente de suficiente capacidad descriptiva –, de las conductas realizadas en dicha zona
del país, clasificadas como actos totalmente ajenos a cualquier sentimiento mínimo de
humanidad.
Los relatos denotan la inusitada gravedad de los hechos, degradadores de manera
absoluta del principio de dignidad humana y abiertamente contrario a la Constitución,
además de su clarísima nota violatoria de los derechos constitucionales fundamentales
de los asociados. Estas conductas, conforme a la jurisprudencia antes analizada,
únicamente pueden ser objeto de investigación por parte de la jurisdicción ordinaria, por
cuanto no guardan relación alguna con la misión propia de los integrantes de las fuerzas
militares. En efecto, si los dos miembros de la Fuerza Pública tenían una posición de
garante, que los obligaba a proteger la población, al imputárseles por omisión (comisión
por omisión) las graves violaciones a los derechos humanos, es claro que se trata de un
comportamiento que no tiene relación con el servicio.
Las anteriores consideraciones deberían bastar para que se hubiera dispuesto que la
Fiscalía General de la Nación debía mantener la competencia para investigar la
responsabilidad del Brigadier General Uscátegui y del Teniente Coronel Orozco. Sin
embargo, estos oficiales no participaron directamente en tales actos de barbarie, sino
que fueron vinculados la proceso penal por supuestas conductas omisivas. […]
Cuando se tiene una posición de garante no se desprende una relación directa con el
servicio, porque se imputa directamente el resultado lesivo (el delito de lesa humanidad)
y no una simple omisión en el ejercicio del cargo.
Como se ha destacado antes, en Mapiripán se violó de manera flagrante el deber de
respeto por la dignidad humana, por parte de un grupo que disputa el monopolio del uso
de la fuerza en manos del Estado. Es decir, se violaron los principios fundamentales del
orden constitucional, cuya preservación estaba encargada a los investigados.
Su
posición de garante les exigía intervenir para evitar la ocurrencia de los hechos
degradadores de la humanidad y perseguir a los usurpadores del poder estatal. Debido
a las gravísmas consecuencias derivadas de su omisión, no puede considerarse que
exista relación alguna con el servicio.
El precedente de la Corte Constitucional en materia de competencia de la justicia penal
militar es rigurosa en señalar que únicamente si no existe duda sobre la relación entre el
servicio y el acto investigado, es posible asignar competencia a la justicia penal militar.
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