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económicamente se quedó casi nula”. Posteriormente, su hermana se volvió más
callada y su relación con la gente se volvió lejana.
La testigo desea saber la razón por la cual se llevaron a sus hermanos y saber lo que
les hicieron; saber si los mataron y, aunque sea, tener sus restos, ya que sus
hermanas y ella descansarían mucho.
Sin embargo, tienen “la esperanza de
volverlos a ver”.
d) Yur Mary Herrera Contreras, hermana de Hugo Fernando Martínez
Contreras y Diego Armando Martínez Contreras e hijastra de Gustavo
Caicedo Rodríguez
Su padrastro, el señor Gustavo Caicedo Contreras, “ [l]os apoyaba en muchas cosas,
[les] daba muchos consejos[, era] muy buen padrastro, no [l]os maltrataba, era muy
lindo[. E]lla] siempre le [va] a estar muy agradecid[a].” Además, cuando ella se fue
a Bogotá su padrastro le seguía ayudando económicamente, aun cuando su primer
esposo falleció y la dejó sola con dos niños. Cuando su hermana le comunicó que
habían matado a su padrastro y a sus dos hermanos, no lo pudo creer y perdió
comunicación por tres años, pues “tenía miedo de que le pasara algo a la familia”.
Después de ese lapso su madre y sus hermanos llegaron a Bogotá sin su padrastro.
La incertidumbre afectó su vida familiar, el cuidado de sus hijos y la relación con su
pareja, al grado que se separó, pues peleaban porque ella vivía pendiente de su
madre. Su familia ha cambiado mucho después de los hechos: su madre no sale
pues le da miedo y teme que la estén siguiendo o que la estén mirando; sus
hermanos ya no son los mismos niños de antes y ahora son más callados y más
tristes; y ella, aunque trata de estar tranquila por sus hijos, sufre de insomnio y se
niega a creer que sus hermanos estén muertos; a veces ve niños en la calle
parecidos a ellos y se pregunta si estarán vivos, ya que se “nieg[a] a creer que estén
muertos.” El “dolor que sient[e] es inexplicable, como un pedacito de vida que se le
va yendo a uno [de] golpe”.
Después de lo que pasó la situación económica estuvo más difícil y no les alcanzaba
para el arriendo. Algunos de los hermanos sobrevivientes y su madre tuvieron que
irse a vivir a una casa de latas, aguantaron hambre y frío, y ella trataba de colaborar
económicamente pero a veces no tenía ni para ella y sus hijos. Su madre siempre
tuvo qué comer antes de la masacre; por eso es muy duro y cruel no tener nada.
No recibieron mucho apoyo económico en la Red de Solidaridad, sólo en dos
ocasiones le ayudaron a pagar el arriendo.
Su madre está enferma del corazón y del estómago y le intentó dar trombosis;
dichas enfermedades tienen mucho que ver con lo que le pasó. Además, no la
atendían porque no tenía un carnet de desplazada.
El Estado es responsable de lo que pasó por haber abandonado la región; por ello,
debe responder, brindar apoyo económico y reparar a su madre y a ella por “la
inestabilidad moral y económica que les causó”. Justicia para ella sería que hicieran
pagar a la gente que hizo eso, que el Estado responda por los errores y que lo
reconozca públicamente. “En vez de haber justicia [para] los paramilitares los están
cobijando y no se ayuda a las víctimas, y eso da rabia y da impotencia”. Es
importante saber la verdad y saber por qué lo hicieron y qué beneficio sacaron de
ello. Solicitó que “si los paramilitares […] tienen reclutados [a sus hermanos,] que
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