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Tiene 15 años de edad y tiene muchos recuerdos de su vida con su familia en
Mapiripán, cuando salían mucho a pasear con su padre y jugaba con sus hermanos.
El día que tomaron a su padre y a sus hermanos él estaba enfermo y su madre se
puso a llorar. Ese día su hermana, su madre y él lloraban mucho y querían buscar a
su padre y hermanos, pero otras personas les decían que no los buscaran porque los
iban a matar. “A ellos no les importaban si eran niños o bebés, se los llevaban por el
sólo hecho de preguntar por el familiar que ellos tenían.” Posteriormente, la familia
salió para Anzuelo, para Bogotá –donde pasaron hambre y frío– y para el Rincón de
la India, donde se quedaron. Cuando en 2002 llegaron la guerrilla, los paramilitares
y el ejército otra vez a Mapiripán, sentía mucho miedo “porque estaba estudiando
como internado en una escuela. […] Era muy inseguro, había bombas, combates”.
Extraña a sus hermanos y no cree volverlos a ver. Llora cuando piensa en ellos. Le
da rabia lo que pasó. No se concentra en el estudio, pues piensa en su madre que
está sola sin nadie que la acompañe. Pierde evaluaciones por estar pensando en esas
cosas o en que le pueda pasar algo a su madre. Vive con miedo “porque a veces la
gente dice que vienen los paramilitares. El gobierno piensa que por […] estar
viviendo allá es guerrillero”.
Se ha sentido rechazado por su condición de
desplazado, “porque cuando estaba en Bogotá la gente lo miraba […] medio raro por
ser desplazado”. Ahora se siente mal porque donde vive “no t[iene] a nadie”.
Piensa que estarían mejor con su padre y que no les faltaría nada, pues ahora no
sabe cómo van a hacer con los libros y con la pensión.
Quiere recuperar todo lo que tenían en la finca y que le ayuden “con lo de la escuela
para seguir estudiando”.
g) Maryuri Caicedo Contreras, hermana de Hugo Fernando Martínez
Contreras y de Diego Armando Martínez Contreras e hija de Gustavo
Caicedo Rodríguez
Tiene 14 años de edad. Su padre era “muy buena gente” y los cuidaba mucho. La
familia paseaba y la pasaban muy bien. Se sentía protegida por su padre y por sus
hermanos; su madre los cuidaba porque no tenía que trabajar. El día que tomaron a
su padre y a sus hermanos, la testigo, junto con tres de sus hermanos y sus padres,
se dirigían de la finca al pueblo a buscar servicios de salud para su hermano
Gustavo. Cuando voltearon a ver, ya los habían tomado. Vio gente llorando y
diciéndoles que no volvieran a buscarlos porque los matarían. Sin embargo, “los
busca[ron] por todos lados y no los encontra[ron]”. Vio “gente tirada en el río[ y a]
unas personas que sólo tenían el cuerpo, pero no tenían ni manos, […] ni cabezas”.
Su madre y hermana lloraban mucho y [ella] sentía mucho miedo de que los fueran
a matar. Cuando recuerda todo eso siente ganas de llorar.
Su padre les daba todo lo que necesitaban y les pagaba el estudio. Al salir de
Mapiripán perdieron todo, aguantaron hambre y ella no pudo estudiar por dos años.
Después vivieron en un rancho de lata en Bogotá, en donde ella se enfermó por el
frío que pasaban, y aunque los doctores le daban medicina no le servía. Siente
dolores muy fuertes de cabeza y no puede ver bien. Además, tuvo problemas de
apendicitis y problemas con su menstruación; el médico le dijo que eran síntomas de
trombosis. Ha tenido y continúa teniendo problemas para estudiar y entender lo que
los profesores le decían por estar pensando en su padre y sus hermanos. Los
profesores de su escuela en Bogotá la miraban mal por no llevar uniforme, pero no
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