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existen “plantas de naranjas, pomelos y guayabas que han sido plantados por su
gente y muchos cocoteros, y eso sigue ahí”.
En el año 1991 comenzaron las gestiones para el pedido de tierra con ayuda de los
anglicanos, realizando reuniones y conversando con la gente.
Así, la Comunidad realizó el pedido de tierra ante el Estado, a través del Instituto
Paraguayo del Indígena, el Instituto de Bienestar Rural y el Parlamento. En todo ese
tiempo los miembros de la Comunidad recibieron varias visitas de abogados y
parlamentarios. Una vez llegó el senador Badel Rachid Lichi y les ofreció otras
tierras, sin especificar cuáles y sin presencia de sus abogados, por lo que los
miembros de su Comunidad no consideraron este ofrecimiento. En todo este tiempo,
lastimosamente el Estado no dio ninguna solución a su caso y el Parlamento rechazó
su pedido de expropiación, afectando tremendamente a los miembros de la
Comunidad.
Los miembros de la Comunidad se encuentran totalmente desprotegidos, no existen
datos de nacimientos ni registros de las muertes que se producen en la Comunidad.
Muchos de los miembros de la Comunidad no tienen cédulas de identidad. En los
centros de salud, cuando los miembros de la Comunidad pueden llegar a ellos, no
son atendidos porque no tienen dinero o porque no hay médicos. Muchas veces
quieren recurrir a sus conocimientos de la medicina tradicional, pero no pueden
acceder a las hierbas medicinales porque éstas se encuentran dentro de las estancias
alambradas. Ante todo esto deben resignarse a las enfermedades y las muertes.
c.
Declaración de la señora Gladys Benítez, presunta víctima
Pertenece a la Comunidad indígena Sawhoyamaxa. Desde hace bastante tiempo su
Comunidad está asentada al costado de la ruta a la altura del Km. 370 de la ruta
Pozo Colorado- Concepción.
La tierra de este asentamiento no sirve para sembrar. Por ello, los miembros de su
Comunidad normalmente no tienen “qué comer ni dónde encontrar comida”. En
algunas oportunidades los miembros de la Comunidad entran al potrero vecino para
recolectar miel y frutas. Estas incursiones deben ser hechas “a escondidas de los
guardias […] porque si [l]os encuentran por ese lugar, ellos disparan sobre [sus]
cabezas, como ocurrió hace poco con un miembro de la Comunidad”.
La testigo expresó que los indígenas viven del monte, por lo que no pueden ir a
buscar comida a otra parte; por ejemplo, indicó que ésta es la época de miel, por lo
que las mujeres de la Comunidad tienen que aprovechar para recolectar la mayor
cantidad posible, aunque sea a escondidas. Hay un “riacho” que cruza cerca del
asentamiento de la Comunidad, pero no siempre tiene agua. En época de sequía las
mujeres tienen que caminar mucho en busca de agua.
En cuanto a la salud, la testigo manifestó que los miembros de la Comunidad no
tienen ningún tipo de asistencia adecuada. Los médicos visitan pocas veces la
Comunidad y lo hacen apurados o vienen sin aviso y la gente no está en el
asentamiento. Unos cuantos medicamentos llegan una vez al año. En la mayoría de
los casos recurren a la medicina tradicional. Algunos van al Hospital Regional de
Concepción que queda a 46 Km. de la Comunidad. Para ir al hospital tienen que
pagar pasaje y si los atienden les dan una receta para comprar medicamentos en la
farmacia, pero si no tienen dinero se quedan sin remedios. Además del Hospital