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y] murió [en] el camino”. Si alguien muere en el hospital a veces les dan a sus
familiares “un papel” para presentarlo en el registro civil, que en el caso de indígenas
está a cargo del Instituto Paraguayo del Indígena, cuyas oficinas están en Asunción.
En cambio, aquellos que mueren en la Comunidad no cuentan con ningún
documento, “solo quedan en [su] memoria”.
Otras de las necesidades más frecuentes y agobiantes que padecen los miembros de
la Comunidad es la falta de agua limpia en la zona, sobre todo cuando hay una
sequía prolongada. La Comunidad sólo cuenta con un tajamar ubicado a unos 1.500
metros de distancia del asentamiento, pero el agua que recoge no es apta para el
consumo, ya que es utilizada por los animales de la zona. En cambio, cuando es
época de lluvias se inundan los alrededores de las casas de la aldea.
Las tierras que reclaman los miembros de la Comunidad siempre fueron consideradas
como suyas. Los hombres iban a cazar en esas tierras, las cuales todavía tienen
bosques, agua y monte, no como otras tierras de la zona que están muy
desforestadas. Por otro lado, “los paraguayos queman los pastizales y ahora ya no se
sabe[…] donde […] enterraron a [su]s ancestros”.
En este asentamiento los miembros de la Comunidad no cuentan con una escuela
indígena. En la zona existe únicamente una escuela de “paraguayos”, y allí asisten
los niños de la Comunidad. Esto representa un problema para los niños indígenas, ya
que “los maestros paraguayos [los] discriminan […] porque van descalzos”. En esta
escuela las clases se imparten en guaraní y castellano. Es triste porque en el
asentamiento “Km. 16” son cada vez menos miembros de la Comunidad que hablan
el idioma de su pueblo. Cuando estaban en la estancia Loma Porá los miembros de la
Comunidad comenzaron a perder el idioma porque estaban entre “paraguayos” y
ahora que están asentados al costado de una ruta se ha perdido mucho más. Los
miembros de la Comunidad desean recuperar sus costumbres, pero en esas
circunstancias es difícil, además, para eso necesitan los recursos de la naturaleza.
Cuando estuvo más fuerte la lucha por la tierra despidieron de las estancias a
muchos empleados indígenas, y ahora son pocos los patrones que quieren emplear a
indígenas en sus estancias.
Debido a que su Comunidad está asentada al costado de la ruta no pueden acceder a
los programas de desarrollo que ofrecen algunas instituciones, las cuales exigen
tierra asegurada para implementar sus proyectos.
e.
Declaración de la señora Elsa Ayala, presunta víctima
Pertenece a la aldea “Km. 16” de la Comunidad indígena Sawhoyamaxa.
Anteriormente vivía con sus padres en la estancia Loma Porá. Muchos de sus
familiares murieron en esa estancia y fueron enterrados en el cementerio indígena
que allí se encuentra e “incluso ahora cuando alguien muere [dentro de la
Comunidad] entra[n] a la estancia para enterrar[los]”. Los que están en la aldea
“Km. 16” vienen en su mayoría de la estancia Loma Porá, donde les era muy difícil
vivir, ya que existían permanentes amenazas por parte de la administración de la
estancia como consecuencia de haber iniciado el proceso de reivindicación de su
tierra.
No recuerda exactamente cuándo “sali[eron] a la ruta, pero [cree que fue] hace
bastante tiempo”. En la aldea “Km. 16” la vida es muy dura. Los hombres van a