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El testigo se refirió a la creación de la Comisión de la Verdad. Debido a que la
gente tenía miedo de ir a San Salvador a declarar, dicha Comisión fue a
Chalatenango a recibir las declaraciones. En el cantón de Guarjila, tres
mujeres declararon que durante la “guinda de mayo” el Ejército se había
llevado a sus hijos. Una de ellas fue la señora María Victoria Cruz Franco,
madre de Ernestina y Erlinda. En el informe de la Comisión de la Verdad de
marzo de 1993 no se mencionó el caso de los niños desaparecidos,
probablemente porque no hubo tiempo para investigar los hechos de la
desaparición de niños. La Comisión de la Verdad incluyó las desapariciones
de niños en la situación global de desapariciones, y expuso treinta casos
ejemplares de grandes masacres y algunos casos de desapariciones.
El testigo explicó algunas técnicas de Pro-Búsqueda para dar con el paradero
de los niños desaparecidos. En cuanto a la ayuda brindada por el Estado de El
Salvador en dicha búsqueda, “desafortunadamente” solamente la han recibido
de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y de la
Procuraduría General de la República, así como también han tenido “algún
acceso” a los archivos de la Corte Suprema de Justicia. Han tenido una “mala
experiencia con las demás entidades estatales”. No tuvieron acceso a la
información de las instalaciones militares. El Estado ha mostrado una gran
despreocupación por la situación de la niñez desaparecida. La Cruz Roja
salvadoreña les brindó ayuda al inicio de la búsqueda, pero luego hubo un
cambio de actitud y les decían que se habían perdido todos los archivos. En
ocasiones los orfanatos tampoco les brindaron información. Las “Aldeas
Infantiles” tampoco ayudaron a Pro-Búsqueda porque los consideraban como
“intrusos”.
Por su trabajo en Pro-Búsqueda tuvo una relación cercana con la familia
Serrano Cruz, en especial con la señora María Victoria Cruz Franco, madre de
las presuntas víctimas, quien desde un inicio le comentó que las niñas
“estaban desaparecidas y que las quería encontrar”. Esa fue la razón por la
que ella acudió a la Comisión de la Verdad. La señora María Victoria siempre
intentó buscar a las niñas a su manera, siempre pidió ayuda en la búsqueda.
Aproximadamente un mes después de la emisión del informe de la Comisión
de la Verdad acudió con la señora Cruz Franco a los tribunales de
Chalatenango para preguntar por el paradero de los niños desaparecidos, y
les dijeron que no se podía preguntar y que “no había posibilidad de nada
porque el Batallón Atlacatl había sido ya disuelto”. Unos días después fueron
a la Fiscalía General de la República, donde no los atendieron y los trataron
con “palabras degradantes”; aunque la guerra había terminado les dijeron
que los iban a denunciar a la Policía Nacional. Escuchó decir a la madre de
las niñas que tenía muchísimo miedo de contar que sus hijas habían
desaparecido en una “guinda”, que eso era peor que decir que habían
desaparecido en su propia casa.
El decir que ella estaba en su casa
significaba que no estaba huyendo. El miedo es paralizante y hace que una
persona cambie los hechos. Sabe que la señora María Victoria no era
guerrillera. Poco tiempo antes de morir la madre de Ernestina y Erlinda
estaba quedándose ciega como consecuencia de la diabetes y le dijo al testigo
“me gustaría no perder la vista porque tal vez todavía puedo ver a mis hijas”.
“[S]ient[e] que Ernestina y Erlinda están vivas, no s[abe] dónde”. El mismo
día de la audiencia pública ante la Corte recibió una llamada de El Salvador
para comunicarle que, gracias a un examen de ADN, había sido encontrada