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rezos llamados “ceremonias” en maya achí. Al día siguiente se nombran las
personas que van al cementerio y preparan el sepulcro; los mayordomos que están
en la casa de los dolientes preparan la “llevada de la familia”. Al entierro se llevan
flores y candelas. Se invita a todos los acompañantes a una ceremonia de tres
misterios a los siete o nueve días. De igual manera, se llevan a cabo ceremonias a
los cuarenta días, y a los siete, catorce y veintiún años de la muerte del familiar.
Días después de la masacre los soldados regresaron a la aldea y se llevaron todos los
animales domésticos, gallinas, bestias, vacas, marranos y todo lo que tenían en la
casa. También se llevaron las cosas buenas que tenían, las obras buenas o collares.
Tuvieron que permanecer ocultos en el monte desde 1982 hasta 1984 y organizarse
para poder sobrevivir. Cuando se decretó la amnistía regresaron al Municipio de
Rabinal y se dirigieron al jefe comisionado para incorporarse a la “vida legal”. El jefe
comisionado les ordenó reorganizarse nuevamente con la patrulla de la comunidad
de Chipuerta, pero no les permitió vivir en Plan de Sánchez.
Durante los quince años después de la muerte de sus seres queridos hubo represión
por parte de las autoridades de la zona. Dichas autoridades les quitaron totalmente
“el impulso” de hacer sus ritos de la cultura indígena y celebrar sus ceremonias
religiosas.
Como cultura, como indígenas y como seres humanos no aceptan no poder dar una
sepultura humana a sus familiares. El hecho de que un ser querido muera, no
significa que desapareció o terminó, sino permanecen convocados espiritualmente
por los familiares vivos. Esto es algo que no se debe perder. Cuando se firmó la
paz, tuvieron un poco de libertad y han podido poner en práctica su cultura maya
achí.
Los primeros años después de la masacre no hicieron esfuerzos por buscar justicia,
porque no se les permitía hablar de lo que pasó y de lo que querían hacer. En el año
1994 empezaron a presentar las denuncias y la solicitud para exhumar e inhumar los
restos de sus seres queridos. Entre la solicitud hecha al juez para autorizar la
exhumación y su realización transcurrió aproximadamente un año. Después de
concluido el proceso de exhumación, pudieron enterrar a sus familiares de acuerdo
con sus ceremonias tradicionales.
No tiene información de algún proceso de investigación en contra de los autores
materiales de la masacre, ni es de su conocimiento que el actual Presidente de
Guatemala haya pedido perdón a las víctimas por lo ocurrido durante el
enfrentamiento armado.
Considera que por ser indígenas no toman seriamente sus derechos y por eso no se
ha dado una resolución en cuanto a los procesos que han presentado. Vive todo el
tiempo la muerte de su madre, hijos y esposa, “como si fuera hoy en la mañana”.
Espera que el Estado haga justicia y repare económicamente todo lo que ha sufrido y
vivido. Asimismo, considera que habría que reparar socialmente a las comunidades
vecinas afectadas, que no tienen agua potable, caminos asfaltados ni educación
primaria y secundaria.
b) Declaración
víctima
testimonial
de
Buenaventura
Manuel
Jerónimo,
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