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el rocío que se encarama a la hierba y la baña de plata, - se contaminarían
todas para mí, y perderían su poder de curar y su poder de comunicar alegría.
(...) Así como el cuerpo absorbe cosas de todas clases, cosas vulgares y sucias
(...), así el alma, a su vez, tiene también sus funciones nutritivas, y puede
transformar en estados de pensamiento nobles, y pasiones de alto valor, lo que
en sí es bajo, cruel y degradante: más aún, puede encontrar en eso sus modos
más augustos de afirmación, y a menudo alcanzar su revelación más perfecta
mediante aquello que iba orientar a profanar o a destruir.
El hecho de haber sido preso común de un presidio común yo lo tengo
que aceptar francamente (...), debo aceptar el hecho de que a uno se le castiga
por el bien lo mismo que por el mal que hace. (...) La sociedad se arroga el
derecho de infligir castigos atroces al individuo, pero también tiene el vicio
supremo de la superficialidad, y no alcanza a darse cuenta de lo que ha hecho.
Cuando el castigo del hombre termina, la sociedad le deja a sus recursos: es
decir, le abandona en el preciso momento en que empieza su deber más alto
para con él. La verdad es que se avergüenza de sus propias acciones, y rehúye
a aquellos a los que ha castigado (...). (...) Si yo comprendo lo que he sufrido,
la sociedad debe comprender lo que me ha infligido, y (...) no debe haber ni
amargura ni odio por ninguna de las partes"9.
11.
Estas reflexiones, de más de un siglo atrás, son hoy día más contemporáneas que
nunca, y son motivadas por recurrentes abusos que siguen ocurriendo en las cárceles en todo
el mundo. En la cárcel, en la gran mayoría de los casos, al contrario de lo que parece suponer
el medio social, no se aprende a distinguir entre el bien y el mal, sino se aprende a convivir
con creciente intimidad con el mal de la brutalización impuesta por la indiferencia del mismo
medio social. En un impresionante testimonio publicado en 1996 de inspecciones in loco
realizadas en cárceles europeas, un ex-Presidente de la Comisión Europea para la Prevención
de la Tortura y Trato o Sanción Inhumana o Degradante10 señaló que
"conditions of detention are still very backward in most European States.
(...) No European country is blameless. Many have overcrowded jails, with
inadequate sanitation (...). In other cases solitary confinement is applied far too
frequently. (...) What is a prison? It is a place where one loses not only one's
liberty, but one's dignity, too. (...) In other States it is the police stations that
invite criticism (...). In other States the detention centres for immigrants or for
asylum seekers are unhygienic and inhuman. (...) In some (only three perhaps)
torture is embedded in police methods; in others the police tend sporadically to
ill-treat and brutalize their detainees; in other States the prisons reveal aspects
censurable as inhuman or degrading; elsewhere single instances of arbitrary
behaviour by law enforcement officers can be discerned, or there are single
cases of unacceptable treatment or conditions in prisons or hospitals. Despite
the many different degrees of substandard treatment, not one European State
fully conforms to the parameters of the best and most enlightened traditions
and the more recent studies in criminology"11.
9
. Ibid., pp. 69-71.
10
. Del Consejo de Europa en Estrasburgo.
11
. A. Cassese, Inhuman States - Imprisonment, Detention and Torture in Europe Today, Cambridge, Polity Press,
1996, pp. 125-126.
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