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Samuel Martínez, antropólogo
Los dominíco-haitianos no sólo están luchando por la ciudadanía legal sino también
por la ciudadanía cultural, para que se de un reconocimiento más amplio de su
pertenencia a República Dominicana y para que formen legítimamente parte de dicho
país. La ciudadanía cultural es un término amplio que han creado los estudiosos del
derecho y los investigadores sociales para describir dichas presuposiciones no
declaradas sobre quién, en términos de raza-etnia-clase, pertenece totalmente a la
nación y define su identidad fundamental. La exclusión de la ciudadanía cultural
puede tener consecuencias negativas sociales, económicas y psicológicas para las
personas internamente colonizadas o las minorías étnicas-raciales desfavorecidas
que se ven relegadas a una duradera condición de ciudadanos de segunda clase o a
los que se niega totalmente la ciudadanía.
Los líderes de opinión destacados del Estado se oponen a los derechos de los
inmigrantes haitianos y tienden a hablar de los haitianos como una masa
indiferenciada, sin distinguir entre domínico-haitianos y ciudadanos haitianos,
sugiriendo y afirmando a veces explícitamente, que los nacidos en la República
Dominicana son tan haitianos como sus padres nacidos en Haití. Por su parte, las
investigaciones sociales sugieren que los domínico-haitianos son culturalmente
dominicanos, que son leales a la República Dominicana y buscan obtener la
ciudadanía legal, en la tierra que les vio nacer y el único país que conocen.
El registro civil tardío es con frecuencia la única vía de que disponen los domínicohaitianos para obtener un certificado oficial. Muchos haitianos en la República
Dominicana deciden dar a luz a sus hijos en la casa, en lugar de ir a un centro
médico, debido a la escasez de recursos económicos y a la dificultad de acceder a
medios de transporte adecuados desde los remotos asentamientos rurales, o debido
al temor a que el personal del hospital o los agentes de policía los denuncien, ya que
muchos son residentes ilegales. En los últimos años, el personal hospitalario ha
negado el certificado de nacimiento incluso a los haitianos que han nacido en
hospitales.
El reclutamiento de haitianos es con frecuencia permitido e incluso asistido por los
agentes de la ley dominicanos, ya que relativamente pocos haitianos se atreverían a
aventurarse por primera vez en un país donde no conocen a nadie, no hablan el
idioma y no tienen garantías de empleo.
Los haitianos y sus hijos nacidos en la pobreza, en los bateyes, están dispuestos a
trabajar por salarios inferiores de lo que aceptarían los dominicanos para un trabajo
que exige un gran esfuerzo o peligro.
El deseo y la tendencia a regresar a sus hogares a Haití ha sido especialmente fuerte
entre los inmigrantes haitianos. Al respecto, nueve de cada diez hombres que
migran a la República Dominicana para cortar caña, regresan a casa en un plazo de
dos años. Los haitianos que se quedan en la República Dominicana lo hacen porque
han formado familias en ese país.
Por otra parte, en relación con el mundo de la globalización, donde el flujo de las
transacciones económicas y culturales conllevan a una demanda cada vez mayor de
viajes al extranjero, se aumenta la marginalidad de los apátridas. La capacidad de
viajar al extranjero no es un lujo sino una necesidad para acceder a un mejor nivel
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