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a) que el Ministerio Público contactó directamente a las hermanas del señor
Bámaca Velásquez para que fueran a una posible exhumación, a pesar de que
se ha “establecido en reiteradas ocasiones que el contacto para con los
familiares, sea hecho a través de la señora Jennifer Harbury o a través de
CEJIL”. Indicaron que lo anterior generó “un estado de zozobra” y de
preocupación en los familiares de la víctima. Además, señalaron que la Fiscal
quería abrir la fosa de Retalhuleu, la cual ya fue abierta en 1993 sin resultados
positivos;
b) que en una conversación mantenida con la Fiscal de Retalhuleu, funcionaria que
contactó a las hermanas del señor Bámaca, se les dijo textualmente “que el
expediente del caso estaba perdido”, lo cual consideran “muy preocupante”. En
este sentido, indicaron que “la desaparición de este expediente, [que contiene
16 años de trámites] no es ningún accidente, es una estrategia” de impunidad.
Destacaron que desconocen la fecha en que se perdió el expediente, que es
difícil entender en base a qué prueba la Fiscal puede llevar a cabo una
exhumación y que dicha funcionaria no había leído la sentencia de la Corte
Interamericana dictada en este caso. Agregaron que las últimas diligencias han
sido “realizadas de manera aislada, ignorando no sólo el contexto en el que se
dieron los hechos, sino también toda la prueba aportada ante esta Corte y
aquella recabada por las autoridades en las primeras etapas de investigación”;
c) que existen hechos “que si no se recupera [el] expediente podrían estar
perdidos, hay gente que ha fallecido, hay gente que se v[io] obligada a
separarse de la causa, algunos fiscales que fueron indirectamente amenazados”
y, además, “los testigos oculares […] tienen una gran inseguridad […] y ahora
pueden ser sometidos nuevamente a hostigamiento y presión”. Agregaron que
“la Corte Interamericana podría inclusive hacer un rol muy particular en este
proceso aportando ahora […] el expediente a nivel nacional”;
d) que son preocupantes “la dificultad de coordinación entre instancias del Estado”
y las acciones de la fiscalía, teniendo en cuenta “la reapertura de una fosa ya
abierta en 1993 sin resultados positivos en el caso”;
e) que en relación al traslado del expediente a la Fiscalía de Derechos Humanos,
creen que las actuaciones que se van a trasladar “son estos hechos de
noviembre, exclusivamente esto de las exhumaciones que se relató, que es
mínimo”;
f) que “en la misma Fiscalía [de Derechos Humanos] se debe asignar al personal
adecuado, dotarle de recursos económicos y dotarle de seguridad porque
seguramente el caso volverá a tomar una relevancia muy importante”.
Resaltaron “la ola de violencia y represalias incansables en contra de todos los
testigos y otra gente involucrada en este caso y también sus familiares”,
particularmente en contra de Otoniel de la Roca y sus familiares. Por ello,
insistieron en que “es clave que haya protección para todos los testigos y
abogados y gente del Tribunal que van a estar implicados”, y
g) que debe asegurarse la plena participación de la señora Harbury en el proceso
penal y que el nombramiento del Fiscal o la Fiscal que llevará a cabo la
investigación, sea realizado en consulta con los familiares de la víctima.