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Roma mucho antes que de los de mi casa. (...) Nunca dejo de evocar y acariciar su
memoria, (...) en una unión perfecta y vivísima" 18
Para el gran historiador A.J. Toynbee, el “progreso” sólo puede ser medido a través
del conocimiento que verdaderamente se obtiene del sufrimiento humano causado
por los “errores de las civilizaciones”. Sin embargo, para otro erudito historiador, J.
Burckhardt, son los logros del espíritu humano, preservados correctamente, y que
desafían el paso del tiempo, lo que constituyen el verdadero sentido de la historia.
Se debe luchar por la primacía de la memoria sobre la crueldad humana; cuando
miramos hacia atrás, la miseria de la condición humana solo puede inspirar un
sentimiento de piedad, ya que, como ha sido correctamente reconocido,
"El tiempo, el gran destructor, es también el gran conservador. Ha preservado
mucho más de lo que nosotros podemos conocer (…). La narración de la historia
constituye un muy fuerte baluarte contra el paso del tiempo (...).
(...) El sentido trágico [de la historia] es el sentido más profundo de nuestra
común humanidad, y puede por lo tanto ser una inspiración positiva. Si todas las
grandes sociedades han muerto, ninguna está realmente muerta. Sus pueblos han
desaparecido, como lo harán todos los hombres, pero antes ellos enriquecieron la gran
tradición con altos y duraderos valores19”.
30.
Por mi parte, no puedo evitar la impresión que hoy me causan los “postmodernistas” entusiastas que, con su actitud auto-suficiente y el frenesí por el
“progreso” material, no pueden siquiera entender mínimamente el mundo en que
viven, su propio ambiente. Yo por eso he cultivado respeto por las culturas
tradicionales de los perseguidos y olvidados por el mundo, incluso los pueblos de la
selva amazónica. En mi Voto Razonado en la Sentencia anterior de esta Corte sobre
este caso de la Comunidad Moiwana, hice referencia al mito del “eterno retorno”,
contemplado en las antiguas tradiciones sociales, que atribuyen al tiempo una
estructura cíclica, de modo que neutraliza o anula la virulencia del despiadado paso
del tiempo (párr. 36).
31.
Los pueblos antiguos, erróneamente llamados “primitivos”, eran totalmente
conscientes de su propia vulnerabilidad, y así fue ccmo se desarrolló su espiritualidad
20
, y su íntima coexistencia con sus muertos. Por otro lado, los “post-modernistas”, de quienes definitivamente me he apartado-, luego de liberarse a sí mismos del
tiempo cíclico21, se integraron en la historia y, en mi opinión, se convirtieron en
esclavos de su propia creencia infundada en la progresión lineal respaldada con los
avances tecnológicos. Minimizaron la búsqueda de la regeneración, intentaron evitar
o minimizar el sufrimiento humano mediante la búsqueda del confort material (en
18
.
Montaigne, Ensayos Escogidos, Madrid, EDAF, 1999, pág. 335.
19
.
H.J. Muller, The Uses of the Past - Profiles of Former Societies, N.Y., Mentor, 1963 [reprint],
págs. 393-394, y Cfr. pág. 388.
20
.
Cfr., en general, por ej. [Diferentes Autores,] Mircea Eliade - Historia de las Creencias y de las
Ideas Religiosas, 2nd. ed., Barcelona, Herder, 1999, págs. 15-563.
21
.
Cfr. Mircea Eliade, El Mito del Eterno Retorno - Arquetipos y Repetición, 6th. ed., Madrid, Alianza
Ed., 1985, págs. 9-149; y en relación con los recursos sobre el mito de confrontar la fugacidad de la
existencia humana, y la lucha de los seres humanos con el tiempo en las manifestaciones religiosas, Cfr.,
por ejemplo, Mircea Eliade, Mito y Realidad, 2da. ed., Barcelona, Ed. Labor, 1992, págs. 7-211.