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Según el perito, la gran humedad que prevalece en la región impide la construcción
de carreteras y de trochas. El señor Molano manifestó que la apertura de la
carretera valorizó extraordinariamente las tierras. Sin embargo, este aumento del
precio no fue un beneficio para los campesinos, sino al contrario: los pueblos
crecieron con rapidez y se fundaron otros centros urbanos. A partir de los años
sesenta la United Fruit Company, bajo su nueva sigla, Frutera Sevilla, apareció en
Turbo y en pocos años, la vía entre Chigorodó y Turbo se convirtió en el muy
rentable Eje Bananero. Los ganaderos que habían adquirido tierras en los años
cincuenta se vieron en la alternativa de convertirse en empresarios agrícolas o
migrar con sus reses a zonas limítrofes con el Eje. Las regiones periféricas al norte y
al este de la carretera al mar se “ganaderizaron”, generando conflictos de tierras y
nuevos desplazamientos. El crecimiento de San Pedro de Urabá, el Totumo, Pueblo
Bello y Valencia fue uno de los efectos demográficos más tangibles del período 19601990.
El perito expresó que las FARC seguían la línea soviética, mientras que un nuevo
partido comunista “marxista-leninista” se orientaba por lineamientos de la China de
Mao. Estas dos tendencias políticas y militares ocuparon progresivamente las
serranías de Abibe, San Jerónimo y Ayapel, y a sus filas ingresaron muchos de los
campesinos que habían sido perseguidos por la Fuerza Pública en su intento por
llevar a cabo la frustrada reforma agraria. Las demandas populares por servicios
públicos, vivienda, salud, educación y tierra fueron respaldadas, y en cierta medida,
envalentonadas por la aparición y fortalecimiento de los frentes militares de las
FARC y del EPL.
El señor Molano indicó que en 1965 el gobierno nacional autorizó a las Fuerzas
Militares por decreto —sancionado posteriormente como ley en 1968— a armar
fuerzas civiles. A medida que el conflicto social era canalizado por la insurgencia
guerrillera se fortalecía la tendencia a usar población civil para respaldar las acciones
militares del Estado. Dado que la guerrilla se apoyaba también en la población civil,
ésta se constituyó en uno de los objetivos centrales de la confrontación.
Posteriormente, con el desarrollo del narcotráfico, la guerra irregular encontró una
fuente inagotable de recursos logísticos, por lo que se introdujo otro modelo: el
paramilitarismo crudo, financiado por los narcotraficantes y asesorado por las
fuerzas de inteligencia israelitas. Del Magdalena Medio la nueva versión de seguridad
pasó con Fidel Castaño a las regiones de Urabá y Alto Sinú. Fidel Castaño se
convirtió en un hacendado en el occidente de Córdoba, en el municipio de Valencia
donde tenía su finca “Las Tangas”. Esta región ganadera era una zona de gran
importancia estratégica para las guerrillas, porque además de cobrarle impuestos de
guerra a los comerciantes y ganaderos, constituía un corredor hacia el Eje Bananero
donde tenían gran influencia sindical y política.
En Turbo la actividad de la compañía Frutera de Sevilla así como la de los sindicatos,
echaron raíces. En los años 80 se formaron fuerzas sociales y políticas que
finalmente se enfrentarían a muerte en la década siguiente. Los elementos que
contribuyen a entender el conflicto son las deplorables condiciones laborales de los
bananeros; la represión de las invasiones en Córdoba y Sucre, que fomentó la
colonización campesina de Abibe y la invasión de tierras dedicadas tanto a la
ganadería extensiva como a las impulsadas por la economía empresarial; y la
elección popular de alcaldes que amenazó a los partidos tradicionales con quitarles
su poder tradicional a favor de nuevas fuerzas. La agitación social y política, la
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