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llevaron, [ya que] si el [Estado] no hubiera dejado entrar esos camiones nada […]
hubiera pasado[. Sin embargo, el Estado] no los detuvo, ni entrando ni saliendo”.
f) Edilma de Jesús Monroy Higuita, cuñada de Juan Luis y José Leonel
Escobar Duarte
La testigo vivía en Pueblo Bello con su esposo e hijos. El día de los hechos se
encontraba en su casa con sus hijos y tres sobrinos, todos pequeños, así como con
sus cuñados Juan Luis y José Leonel y con Ovidio Suárez Carmona, un trabajador de
la finca. En la noche, una vecina le dijo a la señora Edilma de Jesús Monroy Higuita
que “corr[iera, pues habían] llega[do] los tangueros”. Entonces, la testigo le dijo a
sus cuñados “que corrieran porque había llegado gente armada[. Posteriormente,]
los tangueros se vinieron detrás de [ellas] y [les] preguntaron que dónde est[aban]
los que habían corrido de [su] casa y que si no les dec[ían] [las] llevarían a [ellas].
En ese momento [sus] cuñados y el trabajador fueron saliendo uno a uno de donde
estaban escondidos”. Cuando los tangueros se estaban llevando a sus cuñados “una
sobrina de nueve o diez años […] se aferró a la cintura de Juan Luis hasta que los
subieron al carro”.
La señora Monroy Higuita manifestó que después de los hechos cambiaron todos los
planes de la familia de irse a manejar un negocio en Medellín, porque “[se quedaron]
sin nada. Con todo lo ocurrido fracasaron los proyectos”. Eso ha traído como
consecuencia que actualmente “est[én] tan limitados de recursos y que los hijos no
tengan la posibilidad de que [se] les d[é] mayor estudio”. Además, luego de la
muerte de su suegro no se volvieron a realizar reuniones o fiestas de celebración en
la familia.
Con posterioridad a los hechos, su cuñada “se iba para los montes y gritaba: ‘¡Juan
Luis y Leonel, llévenme!’” Además, cuando dicha cuñada “veía gente armada[,] se
asustaba y empezaba a correr[. A]hora […] se sienta por ahí en el piso y empieza a
hacer muñecos con el barro del pantano”.
La testigo solicitó al Estado “que se haga justicia y que se reparen los daños que se
siguen causando hasta el momento y [solicitó] a la Corte que [les] ayude porque van
dieciséis años sin saber qué ha pasado”. Para ella justicia es que “los responsables
que estén vivos reciban un castigo”.
g) Euclides Manuel Calle Álvarez, padre de Jorge Fermín Calle
Hernández
Para la época en que ocurrieron los hechos el testigo vivía en Palmira, un caserío
perteneciente al municipio de Pueblo Nuevo en el departamento de Córdoba, con su
esposa y sus ocho hijos. Su hijo Jorge Fermín Calle Hernández vivía en Pueblo Bello.
El señor Euclides Manuel Calle Álvarez se enteró de lo ocurrido en Pueblo Bello por la
radio. Cuando “escuchó [que] nombraron a su hijo […] sinti[ó] un dolor muy grande
al ser desaparecido [su] hijo de esa manera[, ya que] él nunca fue malo”. Al día
siguiente viajó a Pueblo Bello y se reunió en Turbo con los demás familiares de los
supuestos desaparecidos. Allí estuvo aproximadamente un mes tratando de
averiguar el paradero de aquéllos, pero “no se consiguió nada”. Durante el mes que
estuvo en Turbo, el testigo tuvo que pedir para poder alimentarse, “algo que […]
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