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sus vidas (nuestros antepasados) como los que todavía están por hacerlo (nuestros
descendientes). Trátase de un mundo en que cada uno sobrevive en medio a una
completa desintegración espiritual. Trátase de un mundo que se ha simplemente
deshumanizado, y que hoy necesita con urgencia despertar para los verdaderos
valores.
22.
Hoy día, simplemente no se divulga noticia alguna de numerosos otros casos
similares al cas d'espèce, de los "Niños de la Calle", victimando diariamente personas
igualmente pobres y humildes, que no logran alcanzar la jurisdicción internacional,
tampoco la nacional, y ni siquiera están conscientes de sus derechos. Pero aunque
los responsables por el orden establecido no se den cuenta, el sufrimiento de los
excluidos se proyecta ineluctablemente sobre todo el cuerpo social. La suprema
injusticia del estado de pobreza infligido a los desafortunados contamina a todo el
medio social, que, al valorizar la violencia y la agresividad, relega a una posición
secundaria las víctimas, olvidándose de que el ser humano representa la fuerza
creadora de toda comunidad. El sufrimiento humano tiene una dimensión tanto
personal como social. Así, el daño causado a cada ser humano, por más humilde que
sea, afecta a la propia comunidad como un todo. Como el presente caso lo revela, las
víctimas se multiplican en las personas de los familiares inmediatos sobrevivientes,
quienes, además, son forzados a convivir con el suplicio del silencio, de la
indiferencia y del olvido de los demás.
23.
Los considerables avances científico-tecnológicos de nuestros tiempos han
aumentado en mucho la capacidad del ser humano para hacer tanto el bien como el
mal. En lo que a este último concierne27, se desprende hoy día la importancia y
necesidad apremiantes de dedicar mayor atención a la victimización, al sufrimiento
humano, y a la rehabilitación de las víctimas, - teniendo presente la actual
diversificación de las fuentes de violaciones de los derechos humanos28. Las
violaciones sistemáticas de los derechos humanos y el aumento de la violencia (en
sus múltiples formas) en nuestros días y en todas partes revelan que,
lamentablemente, el tan pregonado progreso material (disfrutado, en realidad, por
muy pocos) simplemente no se ha hecho acompañar pari pasu de avances
concomitantes en el plano espiritual.
24.
Y ésto, a pesar de las alegorías visionarias de Aldous Huxley y George Orwell,
sumadas a las penetrantes reflexiones de Arnold Toynbee, Ernst Cassirer y Stefan
Zweig, en la primera mitad del siglo XX29, - y seguidas de las graves advertencias de
27
.
Para una etiología del mal en la evolución histórica del pensamiento humano, cf. A.-D.
Sertillanges, Le problème du mal, Paris, Aubier/Éd. Montaigne, 1948, pp. 5-412; y para una reflexión más
reciente, cf., v.g., F. Alberoni, Las Razones del Bien y del Mal, México, Ed. Gedisa, 1988, pp. 9-196. Además de estos estudios monográficos, entre otros, también algunas grandes obras de la literatura
universal dan testimonio de que, la angustia y vulnerabilidad del ser humano frente al mal, marcan
presencia en todos los medios sociales y en todas las culturas. Para evocar tan sólo un ejemplo (entre
muchos), la obra del escritor ruso Fédor Dostoievski (1821-1881), v.g., contiene la advertencia de que un
ser humano que, abusando de su libre albedrío, victimiza a otro (su semejante), causa un mal a sí
mismo, y es castigado no sólo por la ley, sino también por su propia conciencia; la reconquista del bien,
por parte de la víctima (y, en última instancia, de todo ser humano), pasa por el sufrimiento, y la
búsqueda del sentido de la vida.
28
.
De la cual dan testimonio las violaciones perpetradas por agentes no-identificados o grupos de
exterminio, por la persistencia de la impunidad, por la manipulación del poder de las comunicaciones, por
las exclusiones generadas por el poder económico (en particular por la concentración de renta en escala
mundial, que muchos insisten en seguir llamando de "globalización" de la economía).
29
.
A. Huxley, Brave New World (1932); G. Orwell, Animal Farm (1945), y 1984 (1949); A.J.
Toynbee, Civilization on Trial (1948); E. Cassirer, The Myth of State (1946); S. Zweig, Die Welt von
Gestern (1944).
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