102
inviolabilidad de los locales sindicales tiene como corolario necesario el que las
autoridades públicas no puedan exigir la entrada en tales locales sin haber obtenido
un mandato judicial que les autorice a ello, mandato que no consta en este caso, de
otro modo existe el riesgo de una grave injerencia de las autoridades en las
actividades sindicales”. Por otra parte, en sus recomendaciones instó al Estado “a
que en el futuro se respete plenamente el principio de inviolabilidad de los locales
sindicales”.63
166. La Corte observa que, al contemplar la Ley 25, en su artículo 1, la posibilidad
de destitución de trabajadores que ocuparan “cargos en las juntas directivas de las
organizaciones sindicales y de las asociaciones de servidores públicos[,] sus
delegados y representantes sindicales o sectoriales, directores de las asociaciones de
servidores públicos con independencia de la existencia o no de fuero sindical”, y al
derogar la Sección Segunda del Capítulo VI del Título I del Libro III del Código de
Trabajo, así como el artículo 137 de la Ley 8 de 25 de febrero de 1975, aquella ley
estaba no sólo permitiendo la desvinculación laboral de los dirigentes sindicales, sino
abrogando los derechos que les otorgaban estas últimas normas al regular el proceso
de despido de los trabajadores que gozaban de fuero sindical. Las disposiciones
contenidas en los artículos 1 y 4 de la Ley 25 fueron puestas en práctica con efectos
retroactivos, permitiendo que se dejasen de lado los procedimientos que debían
aplicarse de acuerdo con la legislación vigente al momento de los hechos, y
acarrearon el despido de un amplio número de dirigentes sindicales, con lo cual se
afectó gravemente la organización y la actividad de los sindicatos que agrupaban a
los trabajadores, y se vulneró la libertad de asociación sindical.
167. La Corte debe analizar si las sanciones de despido en el presente caso, a tenor
de la Ley 25, fueron medidas legítimas tomadas con el fin de preservar el orden
público, el bien común o la independencia y la seguridad del Estado.
168. La Convención Americana es muy clara al señalar, en el artículo 16, que la
libertad de asociación sólo puede estar sujeta a restricciones previstas por la ley, que
sean necesarias en una sociedad democrática, y que se establezcan en interés de la
seguridad nacional, del orden público, de la salud o de la moral públicas o de los
derechos o libertades de los demás.
169. Es importante aclarar que la expresión “ley” señalada en el artículo 16 de la
Convención, debe interpretarse de acuerdo con lo establecido anteriormente por este
Tribunal, a saber:
[…] no es posible interpretar la expresión leyes, utilizada en el artículo 30 [de
la Convención], como sinónimo de cualquier norma jurídica, pues ello
equivaldría a admitir que los derechos fundamentales pueden ser restringidos
por la sola determinación del poder público, sin otra limitación formal que la
de consagrar tales restricciones en disposiciones de carácter general. Tal
interpretación conduciría a desconocer límites que el derecho constitucional
democrático ha establecido desde que, en el derecho interno, se proclamó la
garantía de los derechos fundamentales de la persona; y no se compadecería
con el Preámbulo de la Convención Americana, según el cual “los derechos
esenciales del hombre... tienen como fundamento los atributos de la persona
humana, razón por la cual justifican una protección internacional, de
naturaleza convencional coadyuvante o complementaria de la que ofrece el
derecho interno de los Estados americanos”.
63
cfr.OIT. Resolución del Comité de Libertad Sindical en el Caso No. 1569, supra nota 60, párrs.
144 y 146.c.