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apelada ante el Tribunal Superior de Trabajo. Si después del fallo del Tribunal
Superior de Trabajo había disconformidad de la parte afectada, ésta podía ir a la Sala
Tercera de la Corte Suprema de Justicia. Con la Ley 25 se recortaron 5 ó 6
instancias. Además, con el régimen anterior se debía solicitar autorización al
Juzgado de Trabajo para despedir a una persona que tuviera fuero sindical o fuero de
maternidad. La Ley 25 no respetó el fuero sindical ni el fuero de maternidad. Bajo
la reglamentación prevista por la Ley 8 y los reglamentos internos, la ausencia
injustificada por un día no era una causal de despido. La Ley 25 no permitió hacer
uso del reglamento interno, el cual señalaba que en el caso de una ausencia
injustificada la sanción disciplinaria mayor era el descuento del día de trabajo. Los
trabajadores despedidos por la Ley 25 que no tenían fuero sindical acudieron a la
Junta de Conciliación y Decisión, donde todas sus demandas fueron rechazadas
debido a que, según la Ley 25, no podían tramitarlas. Los Juzgados de Trabajo
pidieron a los dirigentes que tramitaron demandas ante ellos que las retiraran porque
la Ley 25 les impedía conocerlas. Tuvieron que acudir al recurso de reconsideración,
el cual no fue contestado. El recurso de reconsideración fue un recurso colectivo que
interpuso el señor Adelirio Corbalán, Secretario de Defensa. Todos los afectados por
la Ley 25 del IRHE, del INTEL y del IDAAN interpusieron recurso de reconsideración.
Presentaron demanda de inconstitucionalidad de la Ley 25, la cual en 1991 fue
declarada constitucional a excepción del “parágrafo” del artículo 2. Posteriormente
interpusieron una demanda ante la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, la
cual declaró legal el despido basándose en que la Ley 25 era constitucional.
f.
Declaración de Luis Antonio Batista Juárez, trabajador del
Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación (IRHE) de
septiembre de 1972 a diciembre de 1990
Se desempeñó como electricista general de servicios de alta y baja tensión,
supervisor de los mismos servicios, despachador, superintendente del Área de
Servicios y Mantenimiento de Redes de Distribución Eléctrica y la última posición que
ocupó fue de Jefe de Distribución Eléctrica de las áreas y redes eléctricas del país.
En septiembre de 1988 fue despedido junto con un grupo de compañeros acusados
de abandono de puesto, producto de una situación que se dio por un llamado a paro,
el cual fue reprimido por las Fuerzas de Defensa del régimen del General Noriega.
Fue reintegrado en enero de 1990 por el Presidente Guillermo Endara Galimany. Le
fue asignado el cargo de Jefe de Distribución Eléctrica de la Gerencia Regional de la
Provincia de Colón. La tarea que le asignaron en el IRHE fue la de ejecutar acciones
tendientes a dar un servicio continuo las 24 horas. Fue nombrado “Jefe en Jerarquía”
y tenía que coordinar y velar porque se realizaran todas las acciones tendientes a
mantener el servicio.
Tenía conocimiento de las actividades que promovía la
Coordinadora de Sindicatos de Empresas Estatales y participó en la marcha referente
al pliego de peticiones, así como en el movimiento que se dio al haber sido
rechazadas dichas peticiones. Conoció el pliego de peticiones y lo apoyó. El pliego
contemplaba 13 puntos, dentro de los cuales estaban: la no privatización de las
empresas estatales; el respeto a las leyes laborales, a los reglamentos internos y a
aquellos acuerdos que se habían hecho con las organizaciones de las empresas
estatales; el pago del décimotercer mes y las bonificaciones; el respeto a las
organizaciones sindicales y la derogación de las leyes que modificaban el Código de
Trabajo y las leyes que pretendían reformar los beneficios de los miembros de la Caja
del Seguro Social, que eran todos los trabajadores; las reclamaciones del sector de la
construcción, los problemas que tenían los alumnos del Instituto Nacional y las
personas que habían sido víctimas de la guerra que se había dado en Panamá. Las
marchas a las cuales asistió fueron marchas pacíficas y muy organizadas. En la
marcha del 4 de diciembre de 1990 hubo más de 70.000 personas. La marcha