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del aparato del Estado, plantearon peticiones descabelladas para el momento
histórico que se estaba viviendo. Varios meses antes de diciembre, en su calidad de
Vicepresidente de la República y Ministro de Planificación, dijo públicamente a los
empleados que se estaban exponiendo a ser destituidos, ya que con ese pliego de
aspiraciones estaban entorpeciendo el retorno a la democracia. Todo parecía apuntar
hacia la construcción de un movimiento que fuera in crescendo para lograr un
objetivo que en ese momento desconocían. Luego de la presentación del pliego de
peticiones los sindicatos anunciaron una gran marcha nacional, que fue exitosa. Todo
iba coincidiendo con las informaciones que recibían acerca del Coronel Herrera
Hassán. La presión fue aumentando en la población y se fueron sumando otros
grupos sindicales.
Les llamó mucho la atención
que anunciaran con mucha
antelación un paro general para el 5 de diciembre de 1990, justamente el día que se
dio la asonada militar con la huida del Coronel Herrera Hassán. El día 4 de diciembre
de 1990 éste tomó el cuartel principal de Ancón, una vez que fue rescatado vía
helicóptero, ante la pasividad total de los miembros de la Policía Nacional. Era
evidente el vínculo entre el movimiento obrero, el paro y la asonada militar. No tuvo
duda de que eso fue un acto perfectamente claro y premeditado por cuanto al día
siguiente, una vez que a las nueve y media de la mañana ya había fracasado el
intento del Coronel Herrera Hassán, el paro fue disipándose. Las pruebas concretas
que tenía el Gobierno del vínculo entre la acción del Coronel Herrera Hassán y la
marcha y huelga del 4 y 5 de diciembre de 1990 eran las llamadas telefónicas por las
que se preguntaba a algunos líderes acerca de si el movimiento sindical acompañaba
al Coronel Herrera Hassán en su intento de golpe de Estado. El Gobierno tenía
conocimiento de que se realizaría la marcha y el paro pero no tomó providencias para
impedirlos, porque hacerlo hubiera representado un comportamiento típico de la
dictadura. Su Gobierno no reprimía las marchas sino que permitía a los trabajadores
protestar públicamente por sus genuinos derechos y sus aspiraciones. En ese
momento no faltaron personas que llamaron al Presidente y a él mismo para que
suspendieran las garantías constitucionales en virtud de la gravedad de los
acontecimientos, pero el Presidente Endara Galimany y él se opusieron porque
querían continuar consolidando la democracia. Cuando se presentó el proyecto de la
Ley 25 se le dio la seguridad de que era una ley que llenaba todos los requisitos
constitucionales. Dicho proyecto se sometió al órgano legislativo que es totalmente
independiente del ejecutivo. Se dio estricto cumplimiento a la sentencia de la Corte
Suprema de Justicia que declaró inconstitucional el “parágrafo” del artículo 2 de la
Ley 25. Para los despidos de las 270 personas, en acatamiento a la Ley 25, se facultó
a los directores de las instituciones autónomas y semiautónomas del Estado para que
hicieran las evaluaciones y determinaran a quiénes se debía destituir. La facultad de
contratar libremente o destituir libremente le correspondía a cada uno de los
directores de las instituciones. Ante las actuaciones de los trabajadores se actuó
dentro del marco de la ley y los funcionarios destituidos tuvieron todas las garantías
para acudir a los tribunales de justicia. No recuerda que hubiera habido despidos
antes de que entrara en vigor la Ley 25 por conductas relacionadas con la
manifestación y el paro de los días 4 y 5 de diciembre de 1990. Aboga porque haya
libertad de expresión siempre que se haga con seriedad y con disciplina y no se
afecte los derechos de terceros. Dejó constancia de su agradecimiento por la
imparcialidad de la Corte.
j.
Declaración de Carlos Lucas López Tejada, Magistrado y
Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la República de
Panamá de diciembre de 1990 a 1994