Con base en su experiencia, el testigo considera que ha existido “respaldo
insuficiente a la idea, al concepto de que los Maroons merecen el mismo tipo
de protección legal en el país”. Algunos días antes de la audiencia, los
representantes de los sobrevivientes de Moiwana confirmaron al testigo su
deseo de regresar a su aldea.
b) Erwin Willemdam, antiguo residente de Moiwana
El testigo se encontraba en Moiwana el día de los hechos del 29 de noviembre
de 1986; mataron a su esposa durante el ataque. El ataque en sí tenía las
características de una operación militar planeada, de conformidad con lo
manifestado por el testigo, quien había estado en el ejército. Llegó a esta
conclusión por la forma en que los atacantes se acercaron a la población y la
rodearon.
Asimismo escuchó una orden de quemar los ranchos de la
población.
Inmediatamente después del ataque, el testigo huyó a la Guyana Francesa.
Después de pasar un año ahí, decidió regresar a Suriname para que sus hijos
pudieran tener educación. Alrededor de este tiempo, empezó a participar con
grupos de otros sobrevivientes para buscar justicia. En la cultura N’jduka la
búsqueda de justicia es una obligación; si no se obtiene, “tu vida está
perturbada, se interrumpe, entonces uno no puede continuar viviendo
adecuadamente”. Los dos hijos que el testigo tuvo con su esposa que falleció
también participan en estas actividades para buscar justicia, ya que se trata
de una responsabilidad cultural que continúa a través de las generaciones.
Desde el ataque, el testigo ha conducido por Moiwana, pero nunca se ha
detenido. No tiene conocimiento de otros miembros de la comunidad que
hayan regresado a Moiwana a vivir. “Mientras no se haya obtenido justicia,
[…] ellos no pueden volver a ese lugar a quedarse”. Dado que no ha habido
investigación, el testigo siente que los sobrevivientes de Moiwana no son
tratados de la misma forma que los demás ciudadanos surinameses.
Los miembros de la comunidad creen que mientras los que murieron en
Moiwana no sean vengados, sus almas no estarán en paz.
Asimismo,
mientras sus cuerpos no reciban un entierro adecuado, habrá consecuencias
negativas para los vivos. El testigo tiene miedo de estos espíritus enojados.
Sin embargo, “si se hace en la forma adecuada – se obtiene justicia y se
otorga una compensación – entonces la gente puede volver y vivir en esa
área”. En este momento, como no se ha hecho “nada”, el testigo no
regresaría.
Una de las fuentes de mayor sufrimiento para el testigo es no saber qué pasó
con el cuerpo de su esposa. Se enteró de que algunos cadáveres de Moiwana
fueron quemados en un lugar en Moengo, la ciudad donde él vive ahora.
Cada vez que pasa por ese lugar, se siente muy mal por lo sucedido. “Esta es
una de las peores cosas que nos pudo haber ocurrido, que se queme el
cuerpo de alguien que murió”.
Los sobrevivientes de Moiwana tienen un comité, que coordina con Moiwana
’86 los asuntos legales relacionados con la investigación. El testigo no forma
parte de este comité. El comité escribió cartas al Estado e intentó trabajar
23