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vuelves a cenizas en reducida vasija! Ay de mí, desdichada, por todos mis inútiles cuidados de
antes, que en torno tuyo prodigué con dulce fatiga! (...) Yo era quien te criaba, yo por tí siempre
llamada `hermana'.
Pero ahora, contigo muerto, se acaba esto en un sólo día, porque todo
lo has arrebatado de golpe, como vendaval, al marcharte (...).
(...) Muerte me has dado de seguro, oh hermano! Por ello recíbeme tú en esta tu
morada, a mí que nada soy tú que no eres nada, para que contigo habite bajo tierra en lo
sucesivo, porque también, cuando estabas en la tierra, contigo participaba de las mismas cosas;
por eso ahora deseo morir y no dejar tu tumba, pues no veo que los muertos sufran"2.
5.
La suerte de Irene, hermana de Damião Ximenes Lopes, fue peor que la de Electra:
ella también se descompuso al tomar conocimiento de que su hermano, que había dejado la
casa y había sido puesto bajo el cuidado de la “previsión” social en una casa de “reposo”,
allí murió, y del mismo modo recordó su afecto por él:
"(...) Como hermana mayor, en cierto modo yo lo cuidaba, (...) lo acompañaba, lo
llevaba a mi casa, lo visitaba. (...) Mi relación con él era la mejor posible, más que de hermana,
también un poco de madre.
(...) Yo lo vi cuando ya estaba en el cajón, listo para el entierro. (...) Pude observar
varias marcas de tortura. (...) Lo habían golpeado. (...)
[Todo esto] me dejó shockeada, quedé aterrorizada, tuve muchas noches de pesadillas
(...). Quedé aterrorizada (...). Sentía un dolor en el pecho, pero no un dolor que lastimaba el
corazón, un dolor que desgarraba el alma. (...)
[Lo ocurrido] aún hoy tiene efecto, (...) son seis años de desesperación por justicia. (...)
Comencé una gran lucha por justicia (...). Tuve tres años de depresión, (...) viajé mucho en la
búsqueda de justicia (...)"3.
6.
Irene, decidida y efectivamente, resolvió, al lado de la tumba de su querido
hermano, partir con determinación en búsqueda de justicia pública, como es la praxis de su
tiempo, de nuestro tiempo, que hasta hoy, con la adopción de la presente Sentencia de la
Corte Interamericana, no había encontrado. Como relató ante esta Corte,
"(...) El día del entierro de mi hermano en el cementerio, me arrodillé sobre su cajón y
juré que mi alma no se tranquilizaría hasta tanto no hubiese justicia, y ya llevo seis años
buscando justicia. (...) Ahora dejé que mi alma se calmara, pero no dejé la muerte de mi
hermano impune, yo exijo justicia"4.
La presente Sentencia de la Corte Interamericana, a ser debidamente cumplida por el
Estado brasileño, reivindica su sufrimiento y satisface su sed de justicia. Asimismo, revela la
importancia de la jurisdicción internacional en nuestros días.
7.
La historia de Electra y la de Irene son completamente distintas, ocurridas en épocas
separadas por siglos. Sin embargo, tienen en común la tragedia de la condición humana,
ante la persistencia de la indiferencia y la crueldad realzadas en el trato de los más
vulnerables, así como también la búsqueda desesperada y desesperante de la justicia (antes
privada, hoy pública). Develan la insondable presencia de la tragedia en los misterios que
rodean a la vida, que algunos han buscado simplificar, caracterizándola como destino. El
sufrimiento humano continua siendo irremediablemente una triste marca de la condición
.
2
Sófocles, Electra, Madrid, Ed. Clásicas, 1995 [reed.], pp. 69-70.
.
Corte Interamericana de Derechos Humanos [CtIADH], Transcripción de la Audiencia Pública del
30.11.2005 y 01.12.2005 en el caso Caso Ximenes Lopes versus Brasil, pp. 23 y 27-28.
3
.
4
Ibid., p. 28, y sobre la responsabilidad del Estado, cf. p. 32.