a ello, interpuso un recurso de amparo ante la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia, la cual lo declaró admisible y ordenó subsanar la acusación.
7.
Raúl Cubas Lisandro, miembro del Programa Venezolano de
Educación-Acción en Derechos Humanos (PROVEA)
En 1999 era Coordinador General de PROVEA. En este cargo, tenía como función el
cabildeo y monitoreo ante la Asamblea Constituyente de las propuestas en materia
de derechos humanos. Durante su participación en dicha organización conoció las
denuncias e investigaciones de campo sobre las posibles violaciones a los derechos
humanos acaecidas los días posteriores al deslave ocurrido en el Estado Vargas en
diciembre de 1999. PROVEA fue la organización que inicialmente acompañó a los
familiares de Roberto Javier Paz y asistió el caso en las instancias internas.
Debido a su contacto con víctimas y testigos, se enteró de las irregularidades en las
que incurrieron el ejército y la DISIP: allanamientos sin orden judicial, detenciones
arbitrarias, torturas o malos tratos, así como, en algunos casos, ejecuciones y
desapariciones.
a)
Peritos propuestos
representantes
1.
por
la
Comisión
Interamericana
y
los
Magdalena López de Ibáñez, psicóloga
En los casos de desaparición forzada los familiares, quienes también deberían ser
considerados víctimas, han sido despojados de la seguridad física y psicológica de su
identidad como sujetos de derecho y de su proyecto de vida. Es común observar un
profundo dolor, impotencia, ira, así como miedo y desconfianza. Esta clase de
efectos constituyen un conjunto de "síntomas incapacitantes" que afectan la vida
laboral, emocional y social en general.
En casos en los cuales los familiares de las víctimas tienen la esperanza de que su
familiar conserve aún la vida, sufren de vivencias psicológicas más complejas, pues
considerar muerto a un ser querido sin la certeza de su muerte, es simbólicamente
matarlo, lo cual genera culpa y ambivalencia. Otra fuente recurrente de dolor y
angustia es la imposibilidad de los ritos funerarios.
Los familiares de las víctimas en este caso han tenido distintas manifestaciones de
dolor y sufrimiento. Así, el niño Oscar José Blanco Iriarte, hijo de Oscar José Blanco
Romero, al ser atendido presentó "mutismo selectivo, alteraciones en el sueño y el
apetito y dificultades en el rendimiento escolar, síntomas que se inician luego de
presenciar la detención de su padre y actos de agresión física". Asimismo, niega y
no acepta la posibilidad de la muerte del padre.
En el caso de Alejandra Josefina Iriarte de Blanco, esposa de Oscar José Blanco
Romero, aparecía profundamente deprimida, con insomnio, alteración en el apetito,
aplanamiento afectivo, baja autoestima y sensación de no existencia del futuro.
Durante los dos primeros años que siguieron a la desaparición de su esposo,
persistió el estado depresivo, con temor de que le ocurriese algo a ella. Sigue
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