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B) PRUEBA TESTIMONIAL Y PERICIAL
38.
Los días 23 y 24 de abril de 2004 la Corte recibió las declaraciones de los
testigos Juan Manuel Jerónimo, Buenaventura Manuel Jerónimo y Narcisa Corazón
Jerónimo, y de los peritos Augusto Willemsen-Díaz y Nieves Gómez Dupuis,
propuestos por la Comisión Interamericana (supra párr. 14). A continuación, el
Tribunal resume las partes relevantes de dichas declaraciones y dictámenes.
a) Declaración testimonial de Juan Manuel Jerónimo, víctima
Pertenece al pueblo indígena maya, comunidad lingüística achí. Vive en la aldea de
Plan de Sánchez desde que era pequeño. Es uno de los líderes de la comunidad; es
presidente del comité de un “previsto” de agua potable, catequista de la Iglesia
Católica, así como delegado y promotor de salud. Es el encargado de convocar a los
habitantes de Plan de Sánchez para realizar trabajos comunitarios y tomar decisiones
sobre las necesidades de la comunidad. Antes de la masacre la comunidad Plan de
Sánchez estaba conformada por cuarenta familias aproximadamente, y cada familia
tenía una propiedad.
El domingo 18 de julio de 1982 el testigo se encontraba en casa de su madre junto
con su esposa cuando llegó la noticia que en el camino de Rabinal venía una patrulla
del ejército para la comunidad de Plan de Sánchez. Su madre y su esposa le
manifestaron que saliera de la casa y se escondiera, ya que el ejército solo buscaba
a los hombres. Cuando salió de la casa de su madre pudo ver como el ejército
reunía en la casa de su hermana a la gente que traía desde el camino.
Posteriormente, el ejército fue recogiendo de casa en casa a los vecinos y a su
familia, entre ellos, sus hijos, su esposa y su madre. Se quedó a una distancia de
sesenta metros, “controlando” lo que hizo el ejército. Podía escuchar los gritos de
las personas, mujeres, así como de los niños. Cuando estaban todos reunidos en la
casa de su hermana, escogieron a las “patojas” de quince a dieciocho años de edad y
las encerraron en otra casa.
Luego empezaron las balaceras y lanzaron dos
granadas sobre toda la familia reunida en la casa de su hermana.
Cuando
terminaron de matarlos fueron a la otra casa a sacar a las “patojas”, las violaron,
torturaron y degollaron.
En la masacre perdió a dieciocho familiares, entre ellos su madre, su esposa y sus
hijos.
Al día siguiente los cadáveres de sus seres queridos aún estaban ardiendo cuando
llegaron los comisionados militares de Chipuerta, con la orden del destacamento de
Rabinal de enterrar los restos en término de una hora o de lo contrario, los
exterminaría a todos. Se hizo un “entierro salvajísimo” y no pudieron reconocer a
sus familiares.
La costumbre de enterrar a sus muertos está basada en el amor sagrado a la familia
y era muy conocida e importante dentro de la comunidad. Cuando muere un
miembro de la familia se invita a toda la comunidad y se vela durante una noche con
12
930.
Cfr. expediente de prueba para mejor resolver presentada por el Estado, tomo único, folios 767 a
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