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Los soldados robaron y saquearon las casas de los habitantes de Plan de Sánchez,
llevándose todas las prendas de valor para repartirlas entre ellos. Sin embargo, los
sobrevivientes se refugiaron en sus viviendas vacías y se organizaron para vigilar si
subía el ejército. Durante la mañana se quedaban en sus casas y en la noche huían
al monte. De esta manera el testigo sobrevivió en el monte durante dos años. No
regresaron a vivir a Plan de Sánchez por temor a ser masacrados. Los miembros de
la Policía Judicial formados en escuadrones armados los tenían en la “lista negra” del
ejército y con la orden de que si los encontraban, los matarían.
La vida durante el desplazamiento forzado fue muy difícil. Se sentían desamparados
y sin esperanza, pasaron hambre, frío y sed. Padecieron enfermedades sin poder
recibir asistencia médica.
En enero de 1984, con motivo de la amnistía decretada en 1983, regresaron de las
montañas, pero los comisionados militares no los dejaban reconstruir sus viviendas
ni trabajar en Plan de Sánchez, por lo que se vieron forzados a vivir en otras
comunidades. Asimismo, el testigo fue obligado a ingresar a las PAC. Todos los
hombres estaban obligados a formar parte de las patrullas, incluso los jóvenes a
partir de los catorce años de edad hasta ancianos.
En el mes de noviembre del año 1984 el Centro de Integración Familiar inició un
proyecto de techo mínimo para veinte personas.
De esta manera, él y sus
hermanos, Juan y Buenaventura solicitaron autorización al comisionado militar de
Rabinal para regresar a Plan de Sánchez y reconstruir sus casas. Así pudieron vivir
en la aldea al igual que otros hombres sobrevivientes de la masacre.
Después del regreso a Plan de Sánchez, los comisionados militares de Raxjut
visitaban la aldea cada tres, ocho o quince días y acusaban a los sobrevivientes de la
masacre de guerrilleros, los amenazaban constantemente y los sometían a un
riguroso control. El papel de las PAC cambió en algunos casos, pero quienes las
encabezaban continuaron con la idea errónea de que los sobrevivientes de la
masacre eran guerrilleros y planeaban su muerte. Los comisionados militares y las
PAC desaparecieron aproximadamente entre 1995 y 1996; sin embargo, siguen
ejerciendo presión en los habitantes de Plan de Sánchez.
Debido a que con la masacre perdieron todo, no sólo a sus familiares sino también
sus posesiones materiales, y a que con el paso del tiempo las tierras perdieron su
fuerza productiva, tuvieron que esperar muchos años para poder cosechar y vender
el producto como antes.
Cuando regresaron a Plan de Sánchez sintieron dolor, impotencia, miedo, ira y no
tenían la libertad de manifestarse por temor a represalias, sólo les quedaba
obedecer. Fueron obligados a ejecutar trabajos forzosos.
La militarización de Plan de Sánchez impidió que la tradición de los antepasados
continuara. Antes de la masacre practicaban ceremonias individuales y privadas
llamadas devociones. Existían varios ancianos que eran los encargados de oficiar
estos actos, pero muchos murieron en la masacre y sus conocimientos no pudieron
ser transmitidos a las nuevas generaciones. Además, por la represión del ejército y
las exigencias para que los jóvenes prestaran servicio militar, éstos perdieron la fe,
la devoción en las tradiciones, los conocimientos de sus antepasados, y no quisieron
continuarlas. Después de la masacre se perdió la libertad para hacer cofradías,
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