5
III.
La Insensibilidad del Estado ante las Consecuencias de sus Propias
Prácticas Criminales.
14.
Ante este estado de cosas, los que laboramos en el dominio de la protección
internacional de los derechos humanos seguimos luchando, movidos ya no tanto por el
conocimiento de la disciplina puesto a servicio de la salvaguardia de los oprimidos, sino más
bien por un sentimiento de indeclinable indignación, y una inclinación hacia al misticismo. Al fin
y al cabo, la crueldad humana no parece tener límites, y los extremos de la maldad humana
parecen estar constantemente superando la propia imaginación. Ese cuadro es agotador, para
quien realmente se preocupan con la suerte de sus semejantes.
15.
En uno de sus últimos libros, el erudito pensador Isaiah Berlin, al advertir para el "deber
público" de evitar "los extremos del sufrimiento", señaló la melancólica constatación que
ninguna época testimonió "so much remorseless and continued slaughter of human beings by
one another" como el siglo XX8. Y agregó que, distintamente del desastre, la tragedia consiste
de "conflictos de acciones, carácter, o valores humanos", siendo que el "elemento trágico" es
siempre debido a "errores humanos evitables"9.
16.
En efecto, uno de los tristes legados del siglo XX encuéntrase en los testimonios y
relatos de las personas que enfrentaron atrocidades, varias de éstas fríamente calculadas,
planificadas y ejecutadas en larga escala por el Estado; en tales atrocidades o crímenes de
Estado, se constató "la sumisión de la conciencia individual a la ideología del Estado"10. Un
historiador contemporáneo, - entre varios otros pensadores11, - al final de su reseña del siglo XX
confesó ser capaz de constatar lo que tantos otros sospechaban, a saber, que la historia
equivale, al fin y al cabo, entre muchos otros factores, al registro de los "crímenes y la locura"
del ser humano12. Los crímenes de Estado perpetrados a lo largo del siglo XX continúan
insuficientemente conocidos y reconocidos en este inicio del siglo XXI. Las brutalidades y
crueldades a lo largo del siglo XX prosiguen en este inicio del siglo XXI.
17.
No obstante, es y continúa a ser el deber de todos los que nos mantenemos fieles a los
principios y propósitos del jus gentium contribuir a preservar u fortalecer los fundamentos
jurídicos para la construcción de un mundo mejor, en el cual la justicia, y por consiguiente la paz
social, puedan prevalecer. La conciencia jurídica universal - la cual, como vengo sosteniendo en
.
I. Berlin, The Crooked Timber of Humanity, Princeton, University Press, 1997, pp. 17 y 175.
.
Ibid., p. 185.
8
9
10
.
A. Morton, On Evil, London, Routledge, 2004, pp. IX, 78-79 y 82, y cf. p. 125.
.
Cf. las advertencias de Bertrand Russell, "Knowledge and Wisdom", Essays in Philosophy (ed. H.
Peterson), N.Y., Pocket Library, 1960 [reed.], pp. 498-499 y 502; y Karl Popper, The Lesson of This
Century, London, Routledge, 1997, pp. 53-54; entre otros. Otro grande pensador de nuestros tiempos,
Isaiah Berlin, al final de su vida confesó que, con 82 años de edad, había vivido a lo largo de la mayor parte
del siglo XX, y no tenía dudas de que era el "peor siglo" en términos de los hechos "horribles" para "nuestra
civilización"; durante su tiempo de vida, - concluyó, - "cosas más terribles ocurrieron que en cualquier otra
época en la historia". I. Berlin, "Return of the Volksgeist: Nationalism, Good and Bad", At Century's End
(ed. N.P. Gardels), San Diego/Cal., Alti Publ., 1995, p. 94.
11
.
E. Hobsbawm, Era dos Extremos - O Breve Século XX, 2nd. ed., São Paulo, Cia. das Letras, 1996,
p. 561.
12
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