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[…] Las capturas en la vía pública son todavía más espectaculares y se llevan
a cabo con mayor despliegue de personal operativo vestido de civil o
uniformado, siempre fuertemente armado. Los secuestradores proceden con
la mayor agresividad amenazando con sus armas a todos los testigos,
transeúntes, vendedores, acompañantes de la víctima, vecinos, etc., y a viva
fuerza a aprehender e introducir, si es necesario a rastras y a golpes, a la
víctima –hombre o mujer—dentro del vehículo que han llevado para tal
efecto. Ni los gritos y forcejeo de la víctima, ni las protestas de los testigos
presenciales, ni los disparos que a veces se efectúan, ni el natural alboroto
callejero que un suceso de tal naturaleza y magnitud ocasionan, despierta el
más mínimo efecto en la policía de la localidad, la que ni siquiera registrará
en sus libros de acontecimientos policiales dicho suceso como un hecho
policial.
[…] Cuando la captura tiene lugar en la vía pública la identidad de la víctima
es casi siempre conocida por los secuestradores. Una vez dentro de la
camioneta o automóvil la persona secuestrada es colocada bruscamente
contra el piso, algunas veces vendada, y luego es conducida a un lugar
desconocido bajo maltratos y amenazas.
b. Centros de Detención
La persona capturada es conducida a diferentes lugares de detención no
oficiales, generalmente ubicados, según se indica, en establecimientos
militares, sin ser informada de las razones de su detención, ni sobre el lugar
donde se encuentra consignada. Queda totalmente incomunicada y al
principio generalmente aislada de todo contacto con otras personas. Recibe
muy mal trato y es constantemente golpeada y atemorizada con el aparente
fin de quebrar su estado físico y emocional. A partir de su detención toma
conciencia de que está totalmente desprovista de protección y de derechos.
Sus más mínimas necesidades físicas apenas pueden ser satisfechas. En
vista de las pésimas condiciones de los lugares de detención, la permanencia
dentro de ellos resulta casi insoportable. A ello se agrega el trato hostil,
injurioso y vejatorio al que se le somete durante todo momento […]
c. Los Interrogatorios
[…] Grupos de personas, a veces distintas, llevan a cabo el interrogatorio del
detenido. Los maltratos, las amenazas, los empellones y los frecuentes
golpes constituyen siempre el marco dentro del cual se inician las
indagatorias. Al parecer, en casi todos los casos, se pretende obtener mayor
información de la que en realidad posee el interrogado […]
d. Las Torturas
[…] Los maltratos y las torturas forman parte del método de casi todos los
interrogatorios y parecen ser aplicados en primer término con fines
intimidatorios, de ablandamiento y de persuasión para obtener confesiones.
Parte de dicha práctica consiste en mantener a los detenidos en sitios
próximos a los lugares donde se tortura a otras personas para que escuchen
los gritos, los golpes y se familiaricen con la naturaleza del tormento que les
espera.